lunes, 25 de julio de 2016

Según Risto Mejide, nadie se cree celoso hasta que encuentra algo que de verdad teme perder. A veces, una semana o un susto en el momento menos esperado nos abren los ojos. Bueno, a lo mejor no nos los abren sino que nos hace enfocar mejor lo que tenemos delante de nosotros.
Porque nos creemos muy listos, muy seguros y muy confiados hasta que de verdad vemos que algo acecha a nuestra “zona de confort”… y claro, ahí ya nos entra el miedo. Probablemente, ahí sea cuando sintamos 100% la definición de “miedo”; cuando creamos que ya no hay vuelta atrás y que… o la hemos cagado, o la han cagado por nosotros. Pero sea como sea: se ha jodido.
Como he dicho, otras veces solo se necesita una semana de reflexión. Pero una semana de las que te hacen reflexionar sin que tú te des cuenta, y cuando pasa dices: “Joder, todo lo que he aprendido”, y está bien porque supone que no has aprendido a la fuerza ni porque lo tenías pensado. Supone que lo que te rodea te ha hecho aprender.  Puedes aprender de las historias que se repiten una y otra vez pero no pierden intensidad, de las historias llenas de nuevas oportunidades, de las que están cargadas de satisfacción, o de las que siguen sin sobresaltos, también de las que parecen una montaña rusa y como no, de las que están cansadas de otras historias.

El caso es que cuando aprendes de todas esas historias, enriqueces la tuya propia. Y es igual de importante saber enriquecerla como saber con quién quieres hacerlo.

viernes, 8 de julio de 2016

El tiempo. Para algunos es la manera de medir el día, los acontecimientos y la vida. Y para otros, el tiempo es justo lo que les falta en la cartera. Para mí, el tiempo es el gran juez.
El juez de nuestras vidas. El gran evaluador. Sentencia y afirma o bien, se lo lleva todo a su paso pero… oye, él no tiene la culpa. Él solo hace su trabajo y la mayoría de las veces… no nos gustan los resultados. Es el encargado de separar personas por el viaje de la vida; esos amigos de la infancia que con 30 años ya ni saben el uno del otro. Y otras veces, es el responsable de volvernos a encontrar con personas perdidas de nuestro pasado.
También, es el gran sanador. No hay herida que el tiempo no cure, o más bien… no hay herida que el tiempo no sane porque hay heridas que nunca se terminan de curar, pero por lo menos el tiempo las desinfecta. Y por eso dicen que el tiempo y el olvido son como hermanos gemelos, porque vivimos… vivimos… y vivimos y cuanto más vivimos, más olvidamos  cosas pasadas. A lo mejor así es como tienen que ser las cosas y por eso también se dice que para ser feliz hay que tener mala memoria.


 Ni aunque me lo hubiesen contado con pelos y señales todo lo que me ha ocurrido este año me lo habría podido creer. He estado muy mala, lo ...