Esto nunca te lo he contado, pero algunas veces me puede el miedo. Cuando nadie me ve me hundo y abandono esa fachada de poder con todo.
Esto nunca te lo he contado, pero no me gusta sentirte lejos. No me gustan los días sola, sin un rayo de sol por la ventana de mi humor.
Y esto... esto tampoco te lo he contado, pero soy una cobarde. Me dan miedo los nuevos retos, aunque a le vez esté deseando enfrentarme a ellos. Es una mezcla.
Tampoco te he contado que sin ti todo me parece más triste, una desilusión. Como cuando a un niño le quitan un helado. Como cuando tu equipo pierde el partido más importante. Todo se desvanece.
Y aparento ser fuerte, pero es que tampoco sabes que no solo se llora por fuera sino que muchas veces, se llora por dentro. Y quizás eso es lo que más duele. Esa angustia que no sacas, que se queda en tu pecho a vivir contigo unas horas o unos días. Y no hay quien la saque de ahí, porque no sabes como se hace, porque lo intentas y ves que no sirve....
Y seguramente tampoco sabes, porque claro... nunca te lo he contado, pero poco a poco soy capaz de meter mis miedos debajo de la cama y enterrarlos. Pero claro, eso no implica que a veces asomen su cabeza como si, en realidad, nunca se hubiesen ido.
Y lo que nunca, jamás vas a saber es lo mucho que te debo. Las gracias que me quedan por darte aún por ir descubriendo poco a poco que no todo es lo que parece.
sábado, 30 de junio de 2018
jueves, 14 de junio de 2018
Quizás lo peor de enfadarnos con alguien o algo no es el cabreo en sí. Porque un cabreo puede durar más o menos tiempo, conozco cabreos de 10 minutos y otros de días. Pero, seguramente, lo peor del cabreo es lo que ocurre tras él. TodoTlo que trae consigo. Todo lo que arrastra con él. Todo lo que deja.
No conozco ninguno que haya pasado desapercibido, porque si tras un cabreo no sientes nada es porque no ha sido un cabreo y lo más probable es que haya sido un pique. Pero si es de verdad, sentiremos rabia, muchísima rabia de hecho. Y, después, vendrá su prima hermana la decepción. Y ella aparece cuando nos paramos a analizar exactamente por qué nos hemos cabreado y qué hemos hecho o podemos hacer al respecto.
La decepción seguramente se quede con nosotros para siempre en esos cabreos en los que entendemos que es imposible la negociación con la otra persona, que nunca habrá un acuerdo, que podríais repetir la misma discusión 1000 veces y seguiría siendo la misma. Y eso duele, nos deja deshinchados, sin ganas y con millones de preguntas en la cabeza.
Lo que queda después es comernos la decepción con patatas, dejar que pase o, bien, que se nos olvide. Y con suerte mañana o pasado pensaremos que fuimos tontos por cabrearnos y más tontos aún por decepcionarnos. Nos diremos que hemos sido exagerados, injustos y un poco dramáticos. Y así, hasta la próxima vez. Hasta que el bucle empiece de nuevo. Hasta que un día nos cansemos de la pescadilla que se muerde la cola...
No conozco ninguno que haya pasado desapercibido, porque si tras un cabreo no sientes nada es porque no ha sido un cabreo y lo más probable es que haya sido un pique. Pero si es de verdad, sentiremos rabia, muchísima rabia de hecho. Y, después, vendrá su prima hermana la decepción. Y ella aparece cuando nos paramos a analizar exactamente por qué nos hemos cabreado y qué hemos hecho o podemos hacer al respecto.
La decepción seguramente se quede con nosotros para siempre en esos cabreos en los que entendemos que es imposible la negociación con la otra persona, que nunca habrá un acuerdo, que podríais repetir la misma discusión 1000 veces y seguiría siendo la misma. Y eso duele, nos deja deshinchados, sin ganas y con millones de preguntas en la cabeza.
Lo que queda después es comernos la decepción con patatas, dejar que pase o, bien, que se nos olvide. Y con suerte mañana o pasado pensaremos que fuimos tontos por cabrearnos y más tontos aún por decepcionarnos. Nos diremos que hemos sido exagerados, injustos y un poco dramáticos. Y así, hasta la próxima vez. Hasta que el bucle empiece de nuevo. Hasta que un día nos cansemos de la pescadilla que se muerde la cola...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Ni aunque me lo hubiesen contado con pelos y señales todo lo que me ha ocurrido este año me lo habría podido creer. He estado muy mala, lo ...
-
Regla número uno del periodismo: Duda de todo lo que crees conocer. Esta es una frase mítica de mi profesora de Teorías de la Información,...
-
El tiempo. Para algunos es la manera de medir el día, los acontecimientos y la vida. Y para otros, el tiempo es justo lo que les falta en l...
-
Quédate con quien te cuide, con quien te quiera. Quédate con quien te mejore, con quien consiga hacerte salir de casa un domingo por la tard...