La vida es priorizar, es saber que hacer ahora y que dejar
para más tarde. Es saber afrontar los imprevistos y las obligaciones y meterlas
en esa tarea que tenemos de priorizar. Es coger las ganas y las incapacidades
para meterlas en la tarea de priorizar. Es coger los sueños y los imposibles y
saber priorizar. Y, ¿cómo hacemos eso?
Porque la dura realidad es que tenemos que hacerlo solos,
nadie puede hacerlos por nosotros. Tenemos que armarnos de valor y decidir qué
cosas meter en qué momentos y, sobre todo, tenemos que darnos cuenta de que a
cada paso de esa tarea estamos creciendo. Pero ojo, que… que tengamos que
hacerlo solos no significa que no podamos tener ayuda. Necesitamos "salvavidas",
necesitamos a alguien que nos diga “Ey, relájate que puedes”, y cuando digo
alguien no me refiero a una única persona. A veces, tenemos dos o tres salvavidas…
o incluso, cuatro. Los salvavidas son personas que priorizamos, que si nos
dicen ven pues vamos y lo dejamos todo. Son personas que, aunque haya que
priorizarlas, van a estar ahí después. Porque las prioridades existen y porque
nosotros, a la vez, somos el salvavidas de una o dos… o incluso, tres personas.
Porque priorizar no es fácil y podemos liarla muchas veces,
podemos tomar un camino pensando acertar y luego ver que no era el corrector y el
que mejor nos convenía… vamos, que hemos priorizado fatal. ¿ Y qué? La vida es
eso, es priorizar, es improvisar, es agobiarse un rato, es encontrar personas
que muchas veces más que personas son nuestro “salvavidas” o nuestro “aire
limpio” y por muy independientes que nos creamos… las necesitamos y tenemos que
cuidarlas muchísimo, y sobre todo, la vida es ser feliz. Y si no lo eres, créeme
que algo estás haciendo mal y a lo mejor, has priorizado mal.