viernes, 29 de mayo de 2020

Hoy, 29 de mayo, tendría que estar siendo mi graduación. Tendría que estar muy feliz, vestida con un precioso vestido y rodeada de las personas que más quiero para despedir y celebrar el final de una etapa tan bonita como tener dos títulos universitarios. Yo me imaginaba este día como uno de los más felices de mi vida, que llegaría a él con la vida encaminada y muy orgullosa de mí misma por haber encontrado mi profesión soñada.

Para empezar, una pandemia no ha querido que se celebrase y, para terminar, no llego a este día con la vida encaminada. Es más, llego con la vida peor que cuando empecé la carrera. He aprendido una profesión que me encanta, la he visto de dentro, la he empezado a querer y, sin embargo, nunca he estado tan perdida. Yo pensaba llegar aquí comiéndome el mundo y, al parecer, casi es el mundo el que parece que me come a mí. Hay tantos caminos que no sé ni cuales visualizo y, a la vez, tan pocas oportunidades para gente joven como yo que dan ganas de salir corriendo.

No sé que será de mi futuro, si voy a acabar trabajando como periodista, vendedora o administrativa, pero también sé que la única solución segura ahora mismo es seguir confiando en mi misma, pase lo que pase, y aún sin saber lo que quiero hacer con mi vida profesional. Elijo confiar siempre en mi.

 Ni aunque me lo hubiesen contado con pelos y señales todo lo que me ha ocurrido este año me lo habría podido creer. He estado muy mala, lo ...