martes, 21 de febrero de 2017

Creemos que somos invencibles, que es muy difícil que nos pase algo realmente malo. Creemos o, mejor dicho, queremos creer que somos intocables y que al final todo nos saldrá bien. Creemos que podemos controlar todo lo que pasa en nuestro mundo, que bastante tenemos con vivir con las injusticias del mundo en general, con las guerras o la contaminación y… joder, al menos que nuestro mundo esté bien. Y muchas veces creemos que eso significa tener dinero, irnos de viaje, tener trabajo o aprobar los estudios, sentirnos parte de una familia, encontrar a alguien que nos quiera y queramos de verdad… y, ¿de qué nos sirve todo eso si nos falla lo más esencial?
A veces es curiosa la manera que tenemos de enfrentarnos a la enfermedad o la muerte, como si no fuese con nosotros o como si no nos fuese a ocurrir nunca. Pero es que un día estás aquí y mañana, ¿quién sabe? Porque nuestra historia en parte está escrita y en parte, la escribimos nosotros; pero… ¿quién conoce el final? No sabemos ni cuál es, ni cuando vendrá.

Y puede que esta sea la “gracia” de la vida, pero es que a la vez es la oportunidad que tenemos de vivir intensamente, de involucrarnos con lo que hacemos, de ponerle ilusión a lo que tocamos y cuando tocamos no me refiero solo a cosas. También y, sobre todo, hay que ponerle ilusión a las personas tanto a las que vemos un millón de veces en nuestra vida como con las que vamos a pasar 10 minutos. Hay que intentar dejarlas una marca, por pequeña que sea, dejar un recuerdo porque al final… son los únicos que no se borran. Hay que sentirse vivo por tener la oportunidad de rodearte de personas con mil historias detrás, con personas que amaremos su forma de ser y con otras, que por suerte o desgracia, son incompatibles con nosotros. Porque si no hacemos eso, si no ponemos ilusión a la gente que conocemos y nos conoce o que conoceremos y nos conocerán… ¿de qué sirve todo lo demás?

domingo, 5 de febrero de 2017

¿Queremos lo que necesitamos? o, ¿necesitamos lo que queremos? y mejor aún, ¿lo que queremos y lo que necesitamos siempre coinciden?
Casi siempre, por unas cosas o por otras, hacemos que querer y necesitar encajen. Y otras, es que aunque lo intentemos...
La mayoría de las necesidades las podemos corregir, adquirir, eliminar o suprimir. De hecho, a lo largo de nuestra vida vamos cambiando de necesidades prácticamente de manera natural sin darnos cuenta y sin ayuda, pero claro, también tenemos que ser conscientes de que hay otras que se nos van a clavar tan y tan dentro que nos va a costar muchísimo librarnos de ellas.
Pero, ¿cómo decidimos lo que queremos? Eso no podemos controlarlo, sí puede cambiar con el tiempo pero no lo elegimos nosotros de ninguna manera. Queremos sin darnos cuenta, no lo decidimos ni tampoco lo entendemos; puede que sí lo prefiramos o no... pero es que sea como sea se escapa de nuestro control. Posiblemente, ahí reside el truco de querer antes que necesitar.
Hay necesidades que matan y quereres que nos dan vida, hay necesidades que nos debilitan y quereres que nos hacen más fuertes o bien, hay necesidades que nos hacen ser mejores y apasionantes y quereres que destruyen nuestra propia personalidad. Hay veces que ambas no van a coincidir nunca y ojalá tengamos el valor para elegir lo que queremos y nos llena por encima de lo que necesitamos por ser como somos. 

 Ni aunque me lo hubiesen contado con pelos y señales todo lo que me ha ocurrido este año me lo habría podido creer. He estado muy mala, lo ...