lunes, 19 de diciembre de 2022

 Ni aunque me lo hubiesen contado con pelos y señales todo lo que me ha ocurrido este año me lo habría podido creer. He estado muy mala, lo he pasado realmente mal, la persona que más quería y era mi apoyo incondicional decidió irse de mi lado y sí, lo veo como un abandono porque cuando una persona que queremos está mala no nos vamos de su lado. Es más, nos quedamos y damos la talla porque esa persona nos necesita y eso, eso no se abandona. También he vivido las mejores fiestas que jamás pensé, he reafirmado un año más que tengo las mejores amigas que en la vida imaginé tener, he conocido a gente increíble, he podido abrir historias que ojalá nunca haber tenido que abrir simplemente por el dolor de tener que cerrarlas después. He perdido muchos kilos, me he visto mal en el espejo, he tenido que escuchar a la gente decirme que estaba demasiado delgada, he encontrado que rubia me siento más guapa...

No sé, cuantas cosas han cambiado y, a la vez, que despacio y lento veo el progreso en mi interior porque sigo teniendo miedo, sigo pensando si no soy suficiente y no sé si para los demás o para mí misma, sigo teniendo una dualidad que marca mi vida: bien, mal, bonito, feo, he hecho bien, he hecho mal... me sigue asustando equivocarme con mis decisiones y hacerme cargo de las consecuencias de tomarlas. Me cuesta tomar decisiones a corto plazo que me vayan a venir bien a largo porque, la mayoría de las veces, la que viene bien a corto no es la mejor a largo y viceversa. 

Intento imaginarme a mí misma dentro de un tiempo, como me gustaría ser, como quiero ser, que quiero tener en mi vida, quienes quiero que sigan aquí conmigo... y me gusta creer que después de este año tan horrible estoy encaminada a trabajar en todo eso. No sé si es autoengaño o que me cuesta reconocerme a mí misma que, realmente, sí estoy trabajando para mejorar(me). Me gusta pensar que soy cuidadosa con lo que hago y me digo a mí misma simplemente por el hecho de que no me puedo permitir caer otra vez, los 25 son los nuevos 18 y me alegro y espero dejar todo eso atrás. Solo pueden ir las cosas a mejor, me las merezco, sé que las merezco y voy a luchar por ellas. Cueste lo que cueste...

miércoles, 22 de junio de 2022

 Cuantísimo tiempo sin pasarme por aquí, cuantísimas cosas no he querido sentarme a escribir, cuantísima pena me provoca no tener la valentía muchas veces de poner por escrito lo que siento cuando yo nunca he sido así, cuando a mí me ha encantado esto, cuando me venía bien... a lo mejor si lo hubiese seguido haciendo no habrían pasado la mitad de las cosas que han ocurrido. Pero no me he sentido capaz, no quería, no le he puesto el empeño suficiente, no he sabido. 

Primero, me pido perdón a mí, porque no sé en qué momento se ha descontrolado tanto mi interior, no sé cuando dejé de hacer cosas que me hacían feliz para meterme de lleno en la vorágine de las prisas, del contentar a los demás, de cuestionarme constantemente lo que hago, lo que digo, cómo lo digo... me pido el perdón más grande que puedo concederme. 

Segundo, parece que se han instalado en mí emociones tan feas como la desesperanza, el miedo, el agobio, la desesperación, la pena, la compasión, la tristeza... después de vivir un auténtico infierno creado por mi cabeza toca levantarse, intentarlo una vez más, volver a la carga y solo espero encontrar la fortaleza para ser capaz de hacerlo sola, aunque he de reconocer que sin mi gente no podría. 

Tercero, y muy valioso, que importantes son nuestras personas. Esas con las que podemos ser nosotros mismos, que te quieren en lo mejor y te aman en lo peor, que te impulsan, que te dan los mismos consejos mil veces solo porque necesitas escucharlos aunque se cansen, que te dejan ser tu mismo y no te juzgan... parecen requisitos difíciles de encontrar, pero tengo a más personas de esas en mi vida que las que probablemente merezca. Y esas personas son mi mayor logro en la vida, de verdad. 

Ojalá dentro de un año lea esto y lo recuerde como una anécdota porque estoy segura de que la vida es maravillosa y que las malas rachas solo vienen a enseñar, a mejorarnos, a dejarnos una lección y a impulsarnos más fuerte. O, al menos, eso quiero pensar ahora así que me concedo esa esperanza. Me la merezco. Todos nos la merecemos. 

jueves, 22 de abril de 2021

Si algo tengo claro es que no soy la misma persona que hace unos años o, incluso, que hace unos meses. Me he vuelto en una especie de egoísta bienintencionada o, como yo prefiero llamarlo, en una persona que cuida y respeta su paz mental. Y, es que, cuanto nos cuesta respetar nuestra tranquilidad, cuidarla y mimarla como si de una planta que tiene que florecer se tratase. Estamos acostumbrados a preocuparnos por todo, a darle vueltas a las cosas, a pensar en el futuro, a resolver las discusiones con los demás, a quererlo todo y quererlo ya, a ser inconformistas... Y es absolutamente agotador. 
Prioriza tus sentimientos, responsabilízate de tus emociones y de lo que provocas en los demás (bueno y malo) porque parece que ahora está de moda ser un narcisista emocional y no. No se trata de eso, se trata de restarle importancia a las cosas que no la tienen o que no podemos solucionar por nuestra cuenta. Respeta el tiempo de los sentimientos de los demás, respeta los tiempos que la vida te tiene asignados a ti y ahora. Y del resto, dales un segundo plano. 
Ser maduro emocionalmente, aparte de ser capaz de ser responsabilizarte por tus acciones y emociones, también consiste en estar en paz con uno mismo. Es moldearte de tal forma que estés orgulloso de la persona que eres y no dejes que los malos sentimientos y, sobre todo y lo más difícil, que las cosas que no puedes controlar se queden a vivir contigo porque así nunca estarás ni vivirás en paz. 
Y, casi tan importante como uno mismo, rodéate de gente buena, de gente que sea paz y tranquilidad, que transmita las vibras que tú quieres y te gustan en tu vida. Es tan importante ser feliz con uno mismo como serlo con las personas que dejamos que formen parte de nuestra vida. 

viernes, 13 de noviembre de 2020

 Demasiado tiempo sin escribir por aquí, bueno... ni en ningún lado. Demasiado tiempo eludiendo un problema, demasiado tiempo sin sentirme bien, demasiada paciencia , demasiados llantos y, seguramente demasiadas decepciones. Con lo demás y conmigo misma. Demasiado tiempo echando balones fuera, pero, a la vez, demasiado tiempo sintiéndome sola, sintiéndome no escuchada, no valorada y no cuidada. 

Posiblemente, en ese periodo o en ese proceso de tiempo no haya sido consciente de lo que estaba pasando, es más, creo que siempre cuesta mucho ver cuando estás dentro de algo que no te gusta o no te hace feliz. Pierdes la perspectiva, ya no sabes  ni qué haces ahí dentro ni cómo has llegado, a menudo, te invade el sentimiento de negación, de "no me puede estar pasando esto a mí". Pues sí amiga, te está pasando y lo primero es aceptarlo, asumirlo y vete acostumbrando porque va para largo. 

Excúlpate, tú solo tienes la culpa de lo que tú hayas hecho mal, ¿pero de lo que han hecho mal los otros? Ni se te ocurra. Nadie más que uno mismo es responsable de lo que hace, que una persona no admita su responsabilidad cuando hace algo mal ni de lejos merece tu disculpa. Que nadie le de la vuelta a la tortilla, lo que es tuyo es tuyo y lo que no, los demás verán. No estamos aquí para convencer a nadie de nada, ni ahora ni nunca. Porque la persona que quiera remar contigo en la misma dirección, remará y asumirá los errores que le corresponden, al igual que tú asumirás los tuyos. Pero, si por el contrario, te encuentras con una persona que rema sola y no ve que entre dos se lleva mejor, entonces ese no es tu sitio y tienes que estar preparada. 

viernes, 29 de mayo de 2020

Hoy, 29 de mayo, tendría que estar siendo mi graduación. Tendría que estar muy feliz, vestida con un precioso vestido y rodeada de las personas que más quiero para despedir y celebrar el final de una etapa tan bonita como tener dos títulos universitarios. Yo me imaginaba este día como uno de los más felices de mi vida, que llegaría a él con la vida encaminada y muy orgullosa de mí misma por haber encontrado mi profesión soñada.

Para empezar, una pandemia no ha querido que se celebrase y, para terminar, no llego a este día con la vida encaminada. Es más, llego con la vida peor que cuando empecé la carrera. He aprendido una profesión que me encanta, la he visto de dentro, la he empezado a querer y, sin embargo, nunca he estado tan perdida. Yo pensaba llegar aquí comiéndome el mundo y, al parecer, casi es el mundo el que parece que me come a mí. Hay tantos caminos que no sé ni cuales visualizo y, a la vez, tan pocas oportunidades para gente joven como yo que dan ganas de salir corriendo.

No sé que será de mi futuro, si voy a acabar trabajando como periodista, vendedora o administrativa, pero también sé que la única solución segura ahora mismo es seguir confiando en mi misma, pase lo que pase, y aún sin saber lo que quiero hacer con mi vida profesional. Elijo confiar siempre en mi.

jueves, 10 de octubre de 2019

Desde hace ya unas semanas casi todos los días de camino al trabajo a las 8 de la mañana se montan en el mismo vagón que yo una pareja. Chico y chica. No deben ser mucho más mayores que yo, de hecho, seguramente tengan mi edad y van abrazados, riéndose y dándose besos estación tras estación.

A veces les miro y pienso que vaya intensidad para ser las 8 de la mañana, pero luego me doy cuenta de la gran suerte que tienen. No parecen que vivan juntos, con lo que deduzco que deben vivir cerca y quedan para ir juntos en el metro todas las mañanas. Se van dando la mano y se les oye hablar porque todos los demás vamos callados entonces a ellos se les oye más.
Supongo que empezar así el día debe ser algo muy especial, un momento cada mañana a primera hora  para ti y esa persona. Para que el camino hacia las obligaciones del día se haga más ameno e, incluso, un poco más mágico.  ¿No debería ser eso siempre el amor?

Una huída hacia delante, un analgésico del mundo, de los problemas y, por supuesto, un lugar seguro. Siempre un sito donde crecer y algo que haga que cualquier momento sea un buen momento, que no caduque, que le de igual estar en un vagón de metro abarrotado de gente a las 8 de la mañana y, sobre todo, algo que por mucho tiempo que pase y muchos vagones abarrotados de gente lleve a las espaldas nunca pierda su brillo porque la intensidad va y vine, pero el brillo si es de verdad...ese siempre dura.

miércoles, 18 de septiembre de 2019

Después de pasar lo que yo misma he denominado “el último verano de libertad” he vuelto a la rutina, pero ojo que es una totalmente nueva. Me estoy adaptando a una nueva rutina que no había conocido nunca y, ¿lo mejor? Que tampoco sé como funciona ni cómo va a ser.
Ahora me acuerdo de como era mi vida y mi rutina hace un año y, en parte, la echo de menos. Me da nostalgia pensar en ella  porque fue uno de los mejores cursos de mi vida en el que descubrí lo que me gusta, hacia donde quiero enfocar mi futuro, y me reí lo que no está escrito. Me lo pasé realmente bien.
Y, ¿ahora?
Ahora estoy metida en mi primer contacto profesional con el mundo del periodismo y me aterra y me muero de ganas, todo a la vez. Joder qué movida.... A eso le sumamos que estoy dirigiendo mi tfg, algo que me hace mucha ilusión porque es una oportunidad de hacer un buen trabajo final de algo que realmente me gusta.
Pero es que con todo esto solo puedo pensar: ¿Cuándo me he hecho tan mayor?
Y que miedo da hacerse mayor, que nervios el no saber que va a ser ahora de tu vida en unos meses, todo lo que queda por hacer, todas las personas que voy a conocer, todo lo que puedo aprender, toda la responsabilidad que tengo...
Supongo que así es la vida, que toca salir de una etapa para entrar en otra, aceptar cambios (con lo que los odio) y saber llevarlos, querer llevarlos.
Es la primera vez en mi vida que no sé qué va a ser de ella en un futuro no muy lejano y... Qué miedo y qué ganas.

 Ni aunque me lo hubiesen contado con pelos y señales todo lo que me ha ocurrido este año me lo habría podido creer. He estado muy mala, lo ...