El tiempo. Para algunos es la manera de medir el día, los
acontecimientos y la vida. Y para otros, el tiempo es justo lo que les falta en
la cartera. Para mí, el tiempo es el gran juez.
El juez de nuestras vidas. El gran evaluador. Sentencia y
afirma o bien, se lo lleva todo a su paso pero… oye, él no tiene la culpa. Él
solo hace su trabajo y la mayoría de las veces… no nos gustan los resultados.
Es el encargado de separar personas por el viaje de la vida; esos amigos de la
infancia que con 30 años ya ni saben el uno del otro. Y otras veces, es el
responsable de volvernos a encontrar con personas perdidas de nuestro pasado.
También, es el gran sanador. No hay herida que el tiempo no
cure, o más bien… no hay herida que el tiempo no sane porque hay heridas que
nunca se terminan de curar, pero por lo menos el tiempo las desinfecta. Y por
eso dicen que el tiempo y el olvido son como hermanos gemelos, porque vivimos…
vivimos… y vivimos y cuanto más vivimos, más olvidamos cosas pasadas. A lo mejor así es como tienen
que ser las cosas y por eso también se dice que para ser feliz hay que tener
mala memoria.
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