jueves, 10 de octubre de 2019

Desde hace ya unas semanas casi todos los días de camino al trabajo a las 8 de la mañana se montan en el mismo vagón que yo una pareja. Chico y chica. No deben ser mucho más mayores que yo, de hecho, seguramente tengan mi edad y van abrazados, riéndose y dándose besos estación tras estación.

A veces les miro y pienso que vaya intensidad para ser las 8 de la mañana, pero luego me doy cuenta de la gran suerte que tienen. No parecen que vivan juntos, con lo que deduzco que deben vivir cerca y quedan para ir juntos en el metro todas las mañanas. Se van dando la mano y se les oye hablar porque todos los demás vamos callados entonces a ellos se les oye más.
Supongo que empezar así el día debe ser algo muy especial, un momento cada mañana a primera hora  para ti y esa persona. Para que el camino hacia las obligaciones del día se haga más ameno e, incluso, un poco más mágico.  ¿No debería ser eso siempre el amor?

Una huída hacia delante, un analgésico del mundo, de los problemas y, por supuesto, un lugar seguro. Siempre un sito donde crecer y algo que haga que cualquier momento sea un buen momento, que no caduque, que le de igual estar en un vagón de metro abarrotado de gente a las 8 de la mañana y, sobre todo, algo que por mucho tiempo que pase y muchos vagones abarrotados de gente lleve a las espaldas nunca pierda su brillo porque la intensidad va y vine, pero el brillo si es de verdad...ese siempre dura.

 Ni aunque me lo hubiesen contado con pelos y señales todo lo que me ha ocurrido este año me lo habría podido creer. He estado muy mala, lo ...