lunes, 27 de junio de 2016

No se trata solo de “estar”, la mayoría de las veces se trata de "ser". Porque estar… sabemos estar todos, más tiempo o menos tiempo. Eso ya depende de lo que te guste la compañía. Estar es más fácil, nos entretiene, nos hace pasar un buen rato y oye… a lo mejor también nos hace querer.  Pero el verdadero sentido es “ser”, por encima de todo. Solo cuando “soy” y “eres” se suman y forman un “somos” es cuando las cosas adquieren verdadero sentido. Ahí ya no importa quién dice qué primero, o quién tiene la culpa de no se qué; ni mucho menos, quién vale más que quién.
Ahí ya solo importa “ser” las 24 horas de los 7 días de la semana durante un mes y otro, y otro… Y ojo, que “ser” no viene acompañado de “todo está bien”. “Ser” viene también acompañado de días malos, de momentos de bajón, de tensiones y distensiones, de destruir y volver a construir, de reconciliaciones, de comidas y postres... Viene acompañado de vida.

 “Ser” y “Estar”… juntos todo el rato, pero no revueltos. 

domingo, 19 de junio de 2016

Hace poco leí que hay tres amores: el primero, el imposible y el amor de tu vida. Muchas veces, el primero y el tercero coinciden… mientras que el segundo se suele quedar solo o como estaba al principio. Por eso, los tres no suelen coincidir casi nunca.
La gracia está en qué no sabemos si el primero y el tercero van a coincidir. No podemos controlar eso, ¿quién lo sabe? Y, ¿a quién le importa? … ¿No es mejor no saberlo e irlo descubriendo? Porque normalmente el primero lo vives sabiendo que se va a acabar, que algún día terminará… algunos lo llaman coherencia y otros pesimismo.

 Y precisamente,¿ ser coherentes significa no vivirlo al máximo? Como sabemos que todo en esta vida se va a acabar, ¿no debemos luchar para que las cosas salgan bien y duren lo que duren seamos felices? Yo me tomo la vida día a día, hay que saber lo que se quiere y sobre todo… lo que no se quiere por encima de todo. Si tu primer amor te hace feliz, ¿qué más da cuando termine? Y como dice Risto Mejide: “Que mientras dure sea eterno”. Y mañana Dios dirá lo que tenga que decir. 

jueves, 16 de junio de 2016

Yo, como casi siempre, voy unos pasos más atrás. Cuando todos los periódicos nacionales ya han hecho sus columnas, editoriales y artículos de opinión sobre el debate del otro día... me dispongo a hacerlo yo.
No me considero una persona muy aficionada a la política, y creo que es por el mismo motivo por el que tampoco lo son la mitad de la gente de mi generación: la desilusión. El sentimiento de saber que hagamos lo que hagamos... las cosas no van a cambiar mucho, el sentimiento de pensar que es algo que no va con nosotros y que no nos han llamado para esa batalla.
En un debate de dos horas y media, cuatro de las fuerzas políticas actuales de nuestro país nos intentaron convencer de por qué tenemos que darles nuestro voto a ellas y no a cualquiera de los otros 3; pullitas y ataques entre ellos a parte.
 Me parece algo muy absurdo tener que elegir firmemente a quién votar como si lo que dice ese partido fuese una conclusión universal y válida, como si fuese algo totalmente cierto y verdadero. Al igual que me parece absurdo tener un gobierno de coalición entre fuerzas que tienen más cosas diferentes, que cosas en común. Hay que votar, hay que cuidar, hay que intentar mantener valores como la igualdad, el compromiso, el respeto, la igualdad de oportunidades en todos los ámbitos y sin diferencia de sexos, reducir la pobreza... porque tampoco  nos vamos a engañar: pobreza siempre va a haber. Y a lo mejor soy una ingenua pero no creo que un solo partido albergue todo lo bueno y otro, albergue todo lo malo. Quedarse con lo bueno de cada casa, quedarse con el bien común me parece casi la única forma de avanzar.

lunes, 13 de junio de 2016

Cuidar las cosas. Sí. Desde pequeños nos enseñan a cuidar nuestras cosas, a tratarlas bien y así nos durarán más. Cuidarlas con cariño, con paciencia y despacio.
Yo más que en cuidar las cosas, creo en cuidar las relaciones. Al final… el objetivo es el mismo: que nos duren más tiempo. Cuanto mejor tratemos esas relaciones, más lejos llegarán. Ni que decir tengo que, hay que cuidar las relaciones que son buenas para nosotros… las relaciones que nos hacen respirar mejor y sentirnos plenos y felices. De nada nos sirve cuidar las relaciones “tóxicas” porque a la larga acabaremos pagando el pato. Y ya que las vamos a cuidar, ¿qué menos que sean buenas relaciones?
Como aquel que dijo que el amor hay que regarlo día a día. Oye pues sí. No solo hay que regarlo, sino que hay que cortarlo cuando crezcan las malas hierbas o cuando esté demasiado largo… y no por cortar su altura para que no aspire a más, sino para que no se nos descontrolen las cosas. También hay que plantarle alguna que otra flor de vez en cuando, para que tenga color y así, no caer en la monotonía. Y por supuesto, como ya dijo alguien… hay que regarlo.

Todo eso no sirve de nada si no lo hacemos porque queremos. Por voluntad propia y sin que nadie tenga que estar detrás de nosotros, porque para eso ya nos enseñaron de pequeños a cuidar las cosas materiales. Quizá ese es el verdadero fin: enseñarnos de niños a cuidar las cosas materiales para que al crecer sepamos cuidar lo inmaterial, lo que es invisible a los ojos y nos llena por dentro.

domingo, 5 de junio de 2016

Ojalá sonrías al recordar todo esto. Ojalá nunca descubras esa parte de mí que ni siquiera yo aguanto, que no descubras mis defectos, mis miedos, mis inseguridades, mis arrebatos de no querer salir de la cama...
Ojalá no llegues a ver como soy en realidad, y no descubras mi oscuridad, mi abismo... ni me mires con los ojos críticos con los que me miro yo. Ojalá no llegue el día en el que me mires como se miran los desconocidos. Esas personas que un día se dieron tanto y que dentro de X años no tengan el valor de saludarse, o como se miran las personas que han sufrido... que han sufrido mucho.
Ojalá que pienses en mí y te duela, pero no dolor malo... sino dolor de cariño, de querer, de miedo de perder esta parte de mí. Miedo de despertarte un día y te hayas dado cuenta que mereces algo más, o algo diferente. Miedo de perderte en el camino. Ojalá no sientas eso nunca.
Ojalá decidas quedarte siempre con mi parte buena, la parte que quiere aspirar a más... a mejorar cada día. La parte que tengo de patosa, y como no, la parte que tengo de empanada. Ojalá.
Y ojalá todo esto te deje marca, una herida que sanará con el tiempo y se acabará convirtiendo en marca... una marca mía, y como no, una marca de todas las cosas que he intentado compartir. De todas las cosas que he intentado dejar como recuerdo.

 Ni aunque me lo hubiesen contado con pelos y señales todo lo que me ha ocurrido este año me lo habría podido creer. He estado muy mala, lo ...