Y hasta aquí, otro año que se acaba y se despide de mí como
otro de los mejores años de mi vida. Hace un año, tan solo pedía un 2016 igual
de bueno que el 2015 y joder, creo que este 2016 se ha superado en muchas más
cosas al igual que, desgraciadamente, ha fallado en otras tantas.
Este año he crecido un poco más como persona, he abierto la
mente, he leído y he estudiado lo que he querido o me ha tocado, he pillado el
punto a la universidad, he afianzado relaciones sin las que ahora mismo no me
imagino mi vida. He dejado para otro lado a las personas que eran mi rutina
para personas nuevas y tan tan diferentes entre ellas que es una suerte formar
parte de su vida también; y a las personas de mi antigua rutina las he dejado
para momentos especiales con las que me
muero de ganas de compartir vida.
He mantenido relaciones con personas que son un clásico en
mi vida y, por desgracia, me he alejado algo más de otras; porque supongo que
la vida es así… y no siempre elegimos de quien nos alejamos, simplemente sucede
y eso no significa querer menos o querer peor sino querer diferente. Ha sido el año de darme cuenta lo que es
crecer, tener responsabilidades, no poder salir tanto como querría, de
desilusionarme con mis 19 años porque sé que se escapan y que nunca voy a vivir
como vivo ahora, de mi primer trabajo en el que he conocido gente genial y en
el que me han enseñado que no importa si fuera llueve, o hace sol o si hay
mucho trabajo o poco… que lo importante es tener energía y optimismo y, no
dejarse llevar por la monotonía. Cierro el 2016 con miles de recuerdos
inolvidables, una semana en la playa con varias de las mejores personas que
conozco, me llevo charlas y reflexiones con personas diferentes, convivencia, lloros que no valían la
pena, fiestas para el recuerdo, rincones desconocidos de Madrid, mi descubrimiento con la cerveza, cenas y comidas con la gente
que quiero, me llevo calles y rincones de Lisboa, el paseo en barco por Oporto,
me llevo (un año más) el apoyo de mi familia, su cariño, su constitución como
un pilar fundamental… pero, es que sin duda, lo que más me llevo son risas.
Risas que acababan en llanto de lo buenas que son, risas de felicidad, risas de
admiración, risas con una carga de pena, risas de timidez, risas de vergüenza…
risas.
Acabé el 2015 reencontrándome con uno de mis mayores
descubrimientos y, el 2016 me sorprendió haciendo que ese descubrimiento se
quedase en mi vida. He encontrado a una persona que me da las mejores risas y
bromas que tengo hoy por hoy, que me da paz, y a la vez… sabe dar guerra como
nadie. Una persona que ni en vidas se puede igualar, porque es especial, porque
brilla sin ayuda de nadie, porque tiene los mejores abrazos del mundo y,
probablemente, el carácter más difícil de la historia. Mi descubrimiento vino
hace un año cargado de cosas nuevas y trajo consigo muchos de los
mejores recuerdos del año. Yo pido que mi descubrimiento se quede conmigo, como
mínimo, el 2017 entero.
Y esta vez no pido un 2017 tan bueno como el 2016, pido un
2017 mejor. Siempre mejor. Que los de siempre sigan a mi lado, que los que
ahora son parte de mí sigan aquí y que todos los que quedan por venir traigan
lecciones de vida.