viernes, 30 de diciembre de 2016

Y hasta aquí, otro año que se acaba y se despide de mí como otro de los mejores años de mi vida. Hace un año, tan solo pedía un 2016 igual de bueno que el 2015 y joder, creo que este 2016 se ha superado en muchas más cosas al igual que, desgraciadamente, ha fallado en otras tantas.
Este año he crecido un poco más como persona, he abierto la mente, he leído y he estudiado lo que he querido o me ha tocado, he pillado el punto a la universidad, he afianzado relaciones sin las que ahora mismo no me imagino mi vida. He dejado para otro lado a las personas que eran mi rutina para personas nuevas y tan tan diferentes entre ellas que es una suerte formar parte de su vida también; y a las personas de mi antigua rutina las he dejado para momentos especiales  con las que me muero de ganas de compartir vida.
He mantenido relaciones con personas que son un clásico en mi vida y, por desgracia, me he alejado algo más de otras; porque supongo que la vida es así… y no siempre elegimos de quien nos alejamos, simplemente sucede y eso no significa querer menos o querer peor sino querer diferente.  Ha sido el año de darme cuenta lo que es crecer, tener responsabilidades, no poder salir tanto como querría, de desilusionarme con mis 19 años porque sé que se escapan y que nunca voy a vivir como vivo ahora, de mi primer trabajo en el que he conocido gente genial y en el que me han enseñado que no importa si fuera llueve, o hace sol o si hay mucho trabajo o poco… que lo importante es tener energía y optimismo y, no dejarse llevar por la monotonía. Cierro el 2016 con miles de recuerdos inolvidables, una semana en la playa con varias de las mejores personas que conozco, me llevo charlas y reflexiones con personas diferentes, convivencia, lloros que no valían la pena, fiestas para el recuerdo, rincones desconocidos de Madrid, mi descubrimiento con la cerveza, cenas y comidas con la gente que quiero, me llevo calles y rincones de Lisboa, el paseo en barco por Oporto, me llevo (un año más) el apoyo de mi familia, su cariño, su constitución como un pilar fundamental… pero, es que sin duda, lo que más me llevo son risas. Risas que acababan en llanto de lo buenas que son, risas de felicidad, risas de admiración, risas con una carga de pena, risas de timidez, risas de vergüenza… risas.
Acabé el 2015 reencontrándome con uno de mis mayores descubrimientos y, el 2016 me sorprendió haciendo que ese descubrimiento se quedase en mi vida. He encontrado a una persona que me da las mejores risas y bromas que tengo hoy por hoy, que me da paz, y a la vez… sabe dar guerra como nadie. Una persona que ni en vidas se puede igualar, porque es especial, porque brilla sin ayuda de nadie, porque tiene los mejores abrazos del mundo y, probablemente, el carácter más difícil de la historia. Mi descubrimiento vino hace un año cargado de cosas nuevas y trajo consigo muchos de los mejores recuerdos del año. Yo pido que mi descubrimiento se quede conmigo, como mínimo, el 2017 entero.

Y esta vez no pido un 2017 tan bueno como el 2016, pido un 2017 mejor. Siempre mejor. Que los de siempre sigan a mi lado, que los que ahora son parte de mí sigan aquí y que todos los que quedan por venir traigan lecciones de vida. 

lunes, 26 de diciembre de 2016

Ojalá todos tengamos la suerte de crecer como personas junto a alguien que jamás imaginamos. Con alguien que sea absolutamente todo lo contrario a nosotros, a nuestras ideas, a nuestro carácter, a nuestra manera de ver la vida.
Y digo suerte porque, aunque muchas veces es más una maldición, en el fondo es una suerte encontrarte con alguien que te haga mirar más allá, que tenga una forma de ser que no aguantes, que no sepa cuando "sí" y cuando "no", pero que improvise. Al final la vida es eso, improvisar.
Con alguien que que te haga aprender de las posibilidades que tienes a tu alrededor, alguien que te enseñe lo que es el espacio, alguien que no se deje atrapar. Que no te atrape a ti tampoco, pero que te envuelva y te envuelva bien. 
Alguien con quien valorar la libertad que tenemos, la bendita libertad que no nos podemos quitar unos a otros. Alguien sin despedidas, simplemente alguien con "hasta luegos". Alguien que te valore, alguien a quien tú también valores porque sin eso, cualquier relación (sea del tipo que sea) está condenada al fracaso. Alguien que tenga seguridad, y que te haga tenerla. Alguien que te diga lo bueno, lo malo y lo regular de tu complicada forma de ser. Alguien con quien respires mejor.
Yo hace un año encontré a ese alguien, y a día de hoy sigo pensando que es una bendición a corto y, por supuesto, a largo plazo. Yo hace un año tengo la suerte de disfrutar la vida junto a ese alguien que jamás imaginé, pero sin el que no habría podido ser. Yo hace un año empecé a ser egoísta con esas cosas, y sigo siéndolo. 

domingo, 11 de diciembre de 2016

No tengas miedo de crecer, de despedirte de todas las cosas que haces cuando no tienes responsabilidades. No tengas temor de hacerte mayor, de darte cuenta de que ya no es todo como quieres… que ya no puedes controlar la vida. No sientas angustia por ello, crecer es saludar a nuevos retos y despedirte de “lo conocido”." Crecer es aprender a despedirse".
Cómete la vida y no dejes nada. Échale ganas y échale cojones. No pierdas la energía, no te dejes abatir por los días grises, los comentarios feos ni las personas tóxicas. Mírate al espejo y gústate cada día un poco más porque puedes, porque debes. Disfruta con quienes te quieren, con quienes se quedan a tu lado siempre. Valora los pequeños detalles que solo tú eres capaz de ver. Sigue siendo optimista, es la mejor medicina. No te tomes demasiado en serio los problemas, sabes que mañana será un día nuevo. Siente orgullo de ti, eres la persona con la que tienes que vivir un día sí y otro también. No te preocupes de no hacer siempre lo correcto, ¿quién dice que lo correcto es siempre lo mejor?.  Cuestiónate la vida tantas veces como te sea posible. Ten curiosidad por las cosas que parecen simples, pero no lo son. Ten inquietudes cada día, es lo más te va a hacer aprender; te va hacer crecer.
Mi trabajo, mi responsabilidad es hacer que así lo pienses. Y el día que no tenga ganas, fuerza o preocupación por conseguir todo eso… será el día que sabrás quién te quiere bien y quién te quiere mal. Quién te quiere bien, quiere que aspires a todo eso y mucho más. Quiere que tengas alas para irte lejos y alto, y que regreses para volver a coger impulso. Quién te quiere bien, te verá haciendo todo eso y sentirá orgullo de ti. Y creo que está de más decir lo que hace quién te quiere mal. Ojalá a ti te quieran siempre bien.


martes, 29 de noviembre de 2016

Nos convencemos de que quien nos quiere, no nos hace daño. Y así ignoramos que si queremos, de verdad, tenemos que hacernos daño de vez en cuando. Sentir realmente conlleva experimentar todos los sentimientos y actitudes que tenemos dentro de nosotros. Y, otras veces, es necesario hacerse daño para valorar lo bien que se está cuando no nos lo hacemos, cuando comprendemos y nos comprenden.

Hacerse daño no implica dejar de querer, no implica un “adiós”… a lo mejor, sí implica un “hasta luego” para volver después con aire nuevo. Si nos queremos, a veces nos haremos daño y es una realidad que tenemos que admitir. Es algo con lo que tenemos que aprender a vivir, y con el paso del tiempo nosotros mismos seremos lo que pondremos la barrera de donde sí y donde no. Pero lo que no podemos hacer es ponerla antes de tiempo, antes de experimentar, antes de saber que aparte de hacernos daño, nosotros también lo hacemos.  

domingo, 20 de noviembre de 2016

Sabemos que la moneda tiene dos caras: cara y cruz, o cruz y cara. Y qué curioso es que siempre veamos la misma aun sabiendo que si damos la vuelta tenemos la otra. Pero nos da igual, nos centramos en la que nos ha tocado. Y a veces, nos centramos tanto que olvidamos la otra parte, olvidamos que no estamos solos, que necesitamos la otra cara para poder ser… para poder seguir. 
Y cuando alguien aparece y nos dice “Eh, que hay dos caras” es cuando empezamos a pensar que a lo mejor tiene razón, y que nos hemos cegado tanto en la nuestra que ni siquiera nos hemos acordado. Que hemos sido tan cabezones que no hemos querido pensar que habría otra, que hemos sido egoístas, que lo hemos hecho mal.  Y si tenemos la fuerza, el coraje y las ganas miraremos la otra cara y entenderemos que puede pensar cosas que a nosotros ni se nos habían ocurrido y reflexionaremos y al final, si somos valientes admitiremos que tenemos algo de culpa. Y es tan importante saber cual es tu lado de la moneda, como saber admitir que hay otro con la misma razón que tú.


sábado, 12 de noviembre de 2016

Tómate tu tiempo, tírate una tarde entera viendo pelis viejas y comiendo chocolate, vete de excursión a un pueblo del cual lo único que sepas de él sea el nombre, baila delante del espejo y canta muy alto hasta que te oigan los vecinos.
Respira profundamente y cuenta hasta 100 cuando la situación te agobie, llora si lo necesitas porque llorar no es debilidad es desahogo, date un capricho de vez en cuando, lee un buen libro en la playa y quédate con ganas de más, pierde la noción del tiempo y que te de igual, ríete muy fuerte con aquellas cosas que son graciosas y sobre todo, con las personas que lo provocan.
Como dice Pereza: "Ven a Madrid y ten un descuido", dile a alguien que le quieres aunque ya lo sepa... da igual, hay que recordarlo de tanto en cuanto. Ilusiónate con alguien sin saber el final, lo que tenga que ser... será. Dedícate tiempo a ti mismo, cuídate y quiérete bien y además, mira a tu alrededor... Mira a las personas que te rodean, siéntete afortunado por tenerlas en tu vida.
Y si no sientes ilusión por nada de esto, asegúrate de cambiar la situación. Pero no dejes que se vayan las pequeñas ilusiones que tenemos el deber de brindarnos a nosotros, y a los demás.

lunes, 24 de octubre de 2016

Quédate con quien te cuide, con quien te quiera. Quédate con quien te mejore, con quien consiga hacerte salir de casa un domingo por la tarde, con quien invierta tiempo en conocerte... en saberse tus virtudes y, por encima de todo, sepa tus defectos y haga de ellos algo mejor. Quédate con quien escuche tus comeduras de cabeza y te haga ver que no son para tanto, quédate con quien te abrace y te haga sentir que estás en casa. Quédate con quien hagas cosas que jamás harías, con quien te haga cuestionarte el mundo y su sistema... Quédate con quien te rompa tus ideales y te ayude a construir otros, con quien te mire y te cale por dentro... y que te cale de verdad, que sepa cuando tomarte en serio y cuando reírse de ti y contigo. Quédate con quien te descubra cosas que ni sabías que te gustaban, con quien te alegre un día triste.
Y cuando encuentres a esa persona, agárrala muy fuerte y no la sueltes. No hacen falta etiquetas para eso, porque hay personas que no las tienen y hay otras que, incluso teniéndolas, nunca se acercarían a lo que realmente son. No se trata de retener, sino de permanecer. 

miércoles, 12 de octubre de 2016

Queremos ser queridos, pero queridos de verdad: mucho y bien. Queremos que alguien se fije en nosotros, que nos rompa los esquemas y nos descubra por dentro... que  vea nuestra heridas y aún así se siga quedando con nosotros.
Queremos que nos escuchen, pero no de pasada sino que de verdad se sienten a escuchar nuestros problemas, nuestras inquietudes, nuestros complejos, temores, sueños y como no, queremos que nos ayuden y nos den la mejor solución.
Queremos tener seguridad y saber que hacemos bien las cosas, queremos que nos den la razón para sentirnos un poco más listos y queremos tener éxito.
Pero no siempre queremos el esfuerzo que implica querer de verdad a alguien, no queremos la preocupación de tener que estar pendiente de nosotros y de los demás, no queremos descubrir las cicatrices del otro porque bastante tenemos con las nuestras, no queremos ser egoístas, no queremos el riesgo de involucrarnos 100% en algo o en alguien por no acabar peor lo que estábamos.Y más que no querer todo eso, es que no queremos ser conscientes que nos tenemos que esforzar y que hoy es por ti y mañana es por mí. No queremos darnos cuenta que, al final, nos toca dar y recibir.

domingo, 2 de octubre de 2016


Con el tiempo aprendes que la vida no se va a parar por ti, que a veces es verdad que estamos solos aunque no queramos y a veces es necesario estar solo. En la soledad, probablemente, sea cuando más aprendemos; cuando tenemos tiempo de reflexionar y de mirar quien está a nuestro lado de verdad, cuando pensamos en quien se quedará con nosotros un día triste y quien nos dará el abrazo más grande del mundo cuando no podamos hablar.
Con el tiempo, aprendes a callarte cosas… a guardarlas para ti porque son dolores pasajeros; hoy duele y a lo mejor dentro de dos días casi no duele. Hay otras cosas que aprendes a quien se las puedes contar y a quien no, porque sabes el tipo de apoyo que necesitas; y otras veces, aunque no te den el apoyo que necesitas, te dan su apoyo y a la larga es mejor para nosotros. Hay cosas que aunque quieras guardar es imposible, porque explotan y hay otras cosas, que ni en años comentarías.
Y con el tiempo aprendes a confiar en las personas, o más bien… aprendes a desconfiar puede ser porque un día nos fallaron o porque no creamos que se merecen nuestra confianza ni tan rápido ni tan fácil. Pero lo que aprendes de verdad, es que hasta que no confiemos en nosotros como primera persona a la que debemos cuidar, mimar y querer… no podremos confiar en los demás.


lunes, 5 de septiembre de 2016

Hay personas que son diferentes, especiales o únicas. Hay personas que piensan la vida de una manera que a ti nunca se te habría ocurrido y que les va genial. Hay personas que son felices porque un día hace buen tiempo y que se enfadan porque su equipo de fútbol pierde.
Hay personas que entran en la vida de otras personas y la cambian, que ponen todo patas arriba con sus manías o con su carácter inconformista. Hay personas que siempre quieren más, que buscan la emoción para sentirse vivos y no dejan de buscarla porque entonces la vida pierde gracia. Hay personas que pierden las maneras y les da igual, personas pasionales que dicen lo que sienten y que sienten lo que dicen.

Hay personas que se fijan en los pequeños detalles, y que sin querer… te enseñan  la importancia de esas cosas que nadie más ve. Hay personas que son “terremoto”, “casa” y “cosas nuevas” todo a la vez y joder, que locura.

domingo, 28 de agosto de 2016

Y sin quererlo, a veces necesitas alejarte para echar de menos. Y alejarse no es irse, alejarse es tomar aire y dejar que los demás lo tomen sin ti. Alejarse es ponerte a prueba y como no, es poner a prueba a los que tienes a tu lado. Alejarse es conocerte mejor, es respirar de nuevo, es ver y descubrir cosas que ni sabías que existían o cosas que ni sabías que podías sentir.
Y queriendo, a veces te alejas y te sientes más perdido que nunca. Y te sientes más lejos de tu hogar, de las pequeñas cosas que te hacen “estar en casa”, de todo aquello que creemos monotonía hasta que descubrimos cuanto las necesitamos. 

Cuando regresamos, volvemos siendo los mismos pero con más cosas aprendidas. Con más batallas perdidas y algunas más ganadas, con más kilómetros andados, con más fotografías hechas, con más momentos inolvidables, con más reflexiones, y con suerte… con más conocimiento de ti mismo que antes.  Volverás a ser tú, el que eras antes de alejarte y el que seguirás siendo porque tendrás la sensación de que estás donde tienes que estar. Porque sentirás que ese es tu sitio y que pudiendo estar en cualquier otro, te quedas ahí porque quieres y porque querer estar vale más que querer alejarse. 

lunes, 25 de julio de 2016

Según Risto Mejide, nadie se cree celoso hasta que encuentra algo que de verdad teme perder. A veces, una semana o un susto en el momento menos esperado nos abren los ojos. Bueno, a lo mejor no nos los abren sino que nos hace enfocar mejor lo que tenemos delante de nosotros.
Porque nos creemos muy listos, muy seguros y muy confiados hasta que de verdad vemos que algo acecha a nuestra “zona de confort”… y claro, ahí ya nos entra el miedo. Probablemente, ahí sea cuando sintamos 100% la definición de “miedo”; cuando creamos que ya no hay vuelta atrás y que… o la hemos cagado, o la han cagado por nosotros. Pero sea como sea: se ha jodido.
Como he dicho, otras veces solo se necesita una semana de reflexión. Pero una semana de las que te hacen reflexionar sin que tú te des cuenta, y cuando pasa dices: “Joder, todo lo que he aprendido”, y está bien porque supone que no has aprendido a la fuerza ni porque lo tenías pensado. Supone que lo que te rodea te ha hecho aprender.  Puedes aprender de las historias que se repiten una y otra vez pero no pierden intensidad, de las historias llenas de nuevas oportunidades, de las que están cargadas de satisfacción, o de las que siguen sin sobresaltos, también de las que parecen una montaña rusa y como no, de las que están cansadas de otras historias.

El caso es que cuando aprendes de todas esas historias, enriqueces la tuya propia. Y es igual de importante saber enriquecerla como saber con quién quieres hacerlo.

viernes, 8 de julio de 2016

El tiempo. Para algunos es la manera de medir el día, los acontecimientos y la vida. Y para otros, el tiempo es justo lo que les falta en la cartera. Para mí, el tiempo es el gran juez.
El juez de nuestras vidas. El gran evaluador. Sentencia y afirma o bien, se lo lleva todo a su paso pero… oye, él no tiene la culpa. Él solo hace su trabajo y la mayoría de las veces… no nos gustan los resultados. Es el encargado de separar personas por el viaje de la vida; esos amigos de la infancia que con 30 años ya ni saben el uno del otro. Y otras veces, es el responsable de volvernos a encontrar con personas perdidas de nuestro pasado.
También, es el gran sanador. No hay herida que el tiempo no cure, o más bien… no hay herida que el tiempo no sane porque hay heridas que nunca se terminan de curar, pero por lo menos el tiempo las desinfecta. Y por eso dicen que el tiempo y el olvido son como hermanos gemelos, porque vivimos… vivimos… y vivimos y cuanto más vivimos, más olvidamos  cosas pasadas. A lo mejor así es como tienen que ser las cosas y por eso también se dice que para ser feliz hay que tener mala memoria.


lunes, 27 de junio de 2016

No se trata solo de “estar”, la mayoría de las veces se trata de "ser". Porque estar… sabemos estar todos, más tiempo o menos tiempo. Eso ya depende de lo que te guste la compañía. Estar es más fácil, nos entretiene, nos hace pasar un buen rato y oye… a lo mejor también nos hace querer.  Pero el verdadero sentido es “ser”, por encima de todo. Solo cuando “soy” y “eres” se suman y forman un “somos” es cuando las cosas adquieren verdadero sentido. Ahí ya no importa quién dice qué primero, o quién tiene la culpa de no se qué; ni mucho menos, quién vale más que quién.
Ahí ya solo importa “ser” las 24 horas de los 7 días de la semana durante un mes y otro, y otro… Y ojo, que “ser” no viene acompañado de “todo está bien”. “Ser” viene también acompañado de días malos, de momentos de bajón, de tensiones y distensiones, de destruir y volver a construir, de reconciliaciones, de comidas y postres... Viene acompañado de vida.

 “Ser” y “Estar”… juntos todo el rato, pero no revueltos. 

domingo, 19 de junio de 2016

Hace poco leí que hay tres amores: el primero, el imposible y el amor de tu vida. Muchas veces, el primero y el tercero coinciden… mientras que el segundo se suele quedar solo o como estaba al principio. Por eso, los tres no suelen coincidir casi nunca.
La gracia está en qué no sabemos si el primero y el tercero van a coincidir. No podemos controlar eso, ¿quién lo sabe? Y, ¿a quién le importa? … ¿No es mejor no saberlo e irlo descubriendo? Porque normalmente el primero lo vives sabiendo que se va a acabar, que algún día terminará… algunos lo llaman coherencia y otros pesimismo.

 Y precisamente,¿ ser coherentes significa no vivirlo al máximo? Como sabemos que todo en esta vida se va a acabar, ¿no debemos luchar para que las cosas salgan bien y duren lo que duren seamos felices? Yo me tomo la vida día a día, hay que saber lo que se quiere y sobre todo… lo que no se quiere por encima de todo. Si tu primer amor te hace feliz, ¿qué más da cuando termine? Y como dice Risto Mejide: “Que mientras dure sea eterno”. Y mañana Dios dirá lo que tenga que decir. 

jueves, 16 de junio de 2016

Yo, como casi siempre, voy unos pasos más atrás. Cuando todos los periódicos nacionales ya han hecho sus columnas, editoriales y artículos de opinión sobre el debate del otro día... me dispongo a hacerlo yo.
No me considero una persona muy aficionada a la política, y creo que es por el mismo motivo por el que tampoco lo son la mitad de la gente de mi generación: la desilusión. El sentimiento de saber que hagamos lo que hagamos... las cosas no van a cambiar mucho, el sentimiento de pensar que es algo que no va con nosotros y que no nos han llamado para esa batalla.
En un debate de dos horas y media, cuatro de las fuerzas políticas actuales de nuestro país nos intentaron convencer de por qué tenemos que darles nuestro voto a ellas y no a cualquiera de los otros 3; pullitas y ataques entre ellos a parte.
 Me parece algo muy absurdo tener que elegir firmemente a quién votar como si lo que dice ese partido fuese una conclusión universal y válida, como si fuese algo totalmente cierto y verdadero. Al igual que me parece absurdo tener un gobierno de coalición entre fuerzas que tienen más cosas diferentes, que cosas en común. Hay que votar, hay que cuidar, hay que intentar mantener valores como la igualdad, el compromiso, el respeto, la igualdad de oportunidades en todos los ámbitos y sin diferencia de sexos, reducir la pobreza... porque tampoco  nos vamos a engañar: pobreza siempre va a haber. Y a lo mejor soy una ingenua pero no creo que un solo partido albergue todo lo bueno y otro, albergue todo lo malo. Quedarse con lo bueno de cada casa, quedarse con el bien común me parece casi la única forma de avanzar.

lunes, 13 de junio de 2016

Cuidar las cosas. Sí. Desde pequeños nos enseñan a cuidar nuestras cosas, a tratarlas bien y así nos durarán más. Cuidarlas con cariño, con paciencia y despacio.
Yo más que en cuidar las cosas, creo en cuidar las relaciones. Al final… el objetivo es el mismo: que nos duren más tiempo. Cuanto mejor tratemos esas relaciones, más lejos llegarán. Ni que decir tengo que, hay que cuidar las relaciones que son buenas para nosotros… las relaciones que nos hacen respirar mejor y sentirnos plenos y felices. De nada nos sirve cuidar las relaciones “tóxicas” porque a la larga acabaremos pagando el pato. Y ya que las vamos a cuidar, ¿qué menos que sean buenas relaciones?
Como aquel que dijo que el amor hay que regarlo día a día. Oye pues sí. No solo hay que regarlo, sino que hay que cortarlo cuando crezcan las malas hierbas o cuando esté demasiado largo… y no por cortar su altura para que no aspire a más, sino para que no se nos descontrolen las cosas. También hay que plantarle alguna que otra flor de vez en cuando, para que tenga color y así, no caer en la monotonía. Y por supuesto, como ya dijo alguien… hay que regarlo.

Todo eso no sirve de nada si no lo hacemos porque queremos. Por voluntad propia y sin que nadie tenga que estar detrás de nosotros, porque para eso ya nos enseñaron de pequeños a cuidar las cosas materiales. Quizá ese es el verdadero fin: enseñarnos de niños a cuidar las cosas materiales para que al crecer sepamos cuidar lo inmaterial, lo que es invisible a los ojos y nos llena por dentro.

domingo, 5 de junio de 2016

Ojalá sonrías al recordar todo esto. Ojalá nunca descubras esa parte de mí que ni siquiera yo aguanto, que no descubras mis defectos, mis miedos, mis inseguridades, mis arrebatos de no querer salir de la cama...
Ojalá no llegues a ver como soy en realidad, y no descubras mi oscuridad, mi abismo... ni me mires con los ojos críticos con los que me miro yo. Ojalá no llegue el día en el que me mires como se miran los desconocidos. Esas personas que un día se dieron tanto y que dentro de X años no tengan el valor de saludarse, o como se miran las personas que han sufrido... que han sufrido mucho.
Ojalá que pienses en mí y te duela, pero no dolor malo... sino dolor de cariño, de querer, de miedo de perder esta parte de mí. Miedo de despertarte un día y te hayas dado cuenta que mereces algo más, o algo diferente. Miedo de perderte en el camino. Ojalá no sientas eso nunca.
Ojalá decidas quedarte siempre con mi parte buena, la parte que quiere aspirar a más... a mejorar cada día. La parte que tengo de patosa, y como no, la parte que tengo de empanada. Ojalá.
Y ojalá todo esto te deje marca, una herida que sanará con el tiempo y se acabará convirtiendo en marca... una marca mía, y como no, una marca de todas las cosas que he intentado compartir. De todas las cosas que he intentado dejar como recuerdo.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Hay momentos de la vida que no cambio por nada del mundo. Cada uno tendrá sus preferencias y sus prioridades, pero yo me quedo con los ratos con las personas que elijo cada día para que me apoyen, me cuiden y me enseñen de la vida.
Con esas personas que un día decidieron entrar en mi vida y convertirse en mi apoyo. Con esas que alegran los días más tristes, y por supuesto, tienen de los mejores consejos que he oído jamás. Con las que alargo la vida, con las que soy yo misma y con las que sin tener ningún motivo para quedarse deciden hacerlo.
Hoy va por ellas, por las amigas de siempre y por las de hace menos años, por las que preparan las mejores sorpresas de cumpleaños del mundo y saben que me importa más celebrarlo con ellas que con la mitad de mi familia, con las que aguantan mi humor y mis quejas, con las que se ríen conmigo de la vida y con las que me voy de vacaciones.
Me quedo con esos momentos que hacen que me sienta afortunada por tener a gente tan increíble en mi vida, y no sólo por tenerla, sino por ser capaz de ver y sacar lo mejor de nosotras. Porque se sientan a mi alrededor y escuchan durante minutos mis problemas, me dan sus mejores consejos e incluso... se ayudan entre ellas intentando ayudarme a mí. A lo mejor, no me han resuelto la vida... pero seguro que me han hecho ser más lista que antes y un poco más feliz. Un poco más valiente.
Y esto, es una de las recompensas de la vida: sentirte plenamente feliz cuando compartes tiempo con esas personas.

jueves, 12 de mayo de 2016

Mañana, 13 de mayo doy por finalizado mi primer año de carrera. Quién diría que un año universitario podría ser tan corto y dar tanto de sí.
Ha sido un año lleno de cambios, de conocer otro método de enseñanza, de conocer otro tipo de educación, otras aulas, de conocer profesores que no le importamos nada y de conocer a otros que me encantaría volver a cruzarme en la carrera. He pensado en dejarlo más veces de las que puedo recordar desde septiembre, pero supongo que por unas cosas o por otras no lo he hecho y al final... me he dado cuenta de que estoy casi segura de haber acertado. Y que este puede ser mi futuro.
He conocido gente increíble, gente que me ha aportado muchas más cosas buenas que malas, gente que en otro sitio seguramente no podría haber conocido, y lo que más me gusta es que es gente de la que aprendo cada día.
Y tras muchas idas y venidas y mucho pensar de qué va todo esto de la universidad, de hacerte tú tu camino... bla bla bla, sé que no voy a saber lo que es trabajar de lo que me gusta hasta que un día me levante y me toque enfrentarme a una profesión de verdad. Sin profesores enseñando y sin compañeros de clase a mi lado haciéndolo conmigo. Será el momento en el que esté yo sola, yo y mi profesión. Yo y mis 5 años de carrera a la espalda. Yo y miedo. Yo y mi trabajo. Yo y yo.

domingo, 8 de mayo de 2016

Me gusta la buena gente, ¿qué digo?, me encanta la gente que es la ostia, la gente que aunque no conozcas mucho te hace sentir que la conoces de siempre. Me gusta la gente que piensa diferente a mí, que me puede aportar cosas que no sé y, como no, me gusta la gente que me hace reír.
Me encanta la gente que dice lo que piensa, que es educada y respetuosa, me encanta la gente tolerante y me gusta la gente libre. La gente que piensa la vida de una manera diferente a la que tenemos la mitad de los mortales, la gente que coge las maletas y se dedica a viajar simplemente porque siempre ha querido hacerlo; y eso, ya tiene gran valentía porque yo no podría dejar "mi hogar". 
Me gusta la gente que es feliz con un día soleado y una cerveza en una terraza, la que sonríe porque quiere y sin motivos especiales, la gente que acaba el domingo diciendo: "Va a ser buena semana". La gente que es positiva porque desea serlo, la que ignora los complejos porque piensa que eso no existe, la que disfruta con una buena comida y con la buena compañía.
Me gusta la gente que le apasiona leer, y que le apasiona la música porque probablemente sepan más de la vida que la gente que se tira años y años estudiando. Me gusta la gente que cambia, que evoluciona, que se deja aconsejar y que se deja querer.
Me gusta sentirme, aunque sea en una pequeña parte, de toda esa gente. 

domingo, 1 de mayo de 2016

Gracias mamá por enseñarme lo que es la paciencia, la dedicación, la constancia, lo que es buscar las oportunidades porque al final ellas no van a venir solas, por enseñarme a saber cuidarme sola y a quererme sola. Por hacer que los días de Navidad siga teniendo ilusión, por hacer que me guste leer cuando tengo tiempo, que me guste tu comida porque nadie en el mundo la hace como tú... y cada uno dirá eso de su madre, porque es comida que nos hace sentirnos como en casa y a mi me encanta la tuya. Por seguir echándome la bronca 20 veces a la semana por no recoger la ropa, y otras 20 por no enterarme de las 20 que me la echas. Por ser siempre un apoyo y un hombro donde me puedo desahogar, y aunque no me guste contarte la mitad de las cosas yo sé que siempre puedo hacerlo, y puedo llorar contigo y quejarme de la vida. Y gracias por ser madre los 365 días del año desde hace unos cuantos. 
No sé si hace años te imaginabas tu vida tal y como es ahora, si pensabas que ibas a tener una hija tan complicada como yo o si me ibas a tener que escuchar quejarme casi todos los días. No sé si pensabas siquiera tener más hijos, o si querías que estudiase una u otra cosa... aunque sé que a ti eso nunca te ha importado mucho porque todo lo que decido te suele parecer bien. Supongo que me has educado para tomar decisiones con cabeza, y que por eso te parecen bien.
Y no sé lo que es ser madre, pero tú me enseñas a como ser una de las mejores.

viernes, 29 de abril de 2016

¿Cuál es el punto exacto en el que pasamos de dar a el "ya está bien de dar y no recibir nada"?
Y mejor aún, ¿cuándo te das cuenta que estás dando más de lo que debes?
Todos conocemos el riesgo que conlleva involucrarnos demasiado en algo, y lo aceptamos. Aceptamos ese riesgo de manera involuntaria, simplemente porque es como un salto al vacío en el que sabes de donde saltas pero nos sabes donde vas a aterrizar. Supongo que eso es lo que nos gusta, los viajes que no sabemos donde van a acabar o las noches que no sabes como ni cuando llegarás a casa.
Y cuando nos damos cuenta de ello, ralentizamos ese salto al vacío esperando que alguien nos alcance y nos supere para sentir que lo que damos, al final tiene su recompensa. Que al final no vamos siempre tres pasos por delante, sino que hemos cogido carrerilla en un punto concreto para después parar y darle un ritmo. Si vemos que nadie va a saltar con nosotros.... seguiremos manteniendo la esperanza de que al final cambiará la situación, y esperaremos muy convencidos de ello.
Y aquí ya, entra en juego la paciencia, el aguante... el saber querer. O mejor dicho, el saber esperar.
¿Quién ganará? .... ¿La paciencia o el amor propio?... ¿El querer o el querer ser querido?

miércoles, 20 de abril de 2016

Supongo que la vida de muchos de nosotros puede ser eso, una constante e incesante sucesión de momentos... uno detrás de otro, sin pausa y sin puntos seguidos ni puntos aparte.
Y estaría bien cogerlos todos y ponerlos en un filme de 2 horas, momentos que no tienen que ver unos con otros de todo lo que hemos vivido y de todo lo que nos hace ser como somos ahora. ¿Quién iba a entender entonces nuestra historia?
Pues creo, que en eso consiste conocer a alguien. En conocer muchos de sus "momentos" por los que ahora es así y poco a poco ir dándoles forma y, por supuesto, dándoles sentido. Por eso somos un misterio, por eso hay personas que nos encantaría conocer de nuevo simplemente por el mero placer de volverlas a descubrir como cuando ves una película por primera vez. Hasta el punto de sentir que hemos vivido también esos momentos junto a ella, que hemos pasado por lo mismo, que hemos experimentado las mismas sensaciones. 
A partir de ahí, quizá podremos decir que entendemos su historia y puede que nos guste o no... pero ese es el momento en el que decidimos si formar parte de ella. Muchas veces formamos parte de la historia de una persona sin darnos cuenta o sin haberlo elegido, otras veces ni lo sabemos. Pero lo bonito es elegir formar parte, es saber que eres historia y aún así querer seguir siéndolo, querer quedarte y permanecer. Hay personas que son "nuestra historia", nuestros "momentos" y que, como no, son parte de nosotros para siempre de una manera u otra. Y eso... ya no se puede cambiar.

viernes, 15 de abril de 2016

Hoy me han pedido que hiciese una pequeña reflexión por escrito sobre cuáles son los papeles de la mujer y del hombre en la sociedad.
Al principio, no sabía ni que poner porque pienso una cosa y al segundo me la rebato mentalmente a mis misma... y me cabreo. Al final, tras pensar un rato e intentar poner todas esas cosas, que se me vienen a la cabeza, en un folio me he dado cuenta de la suerte que tengo de haberme criado en un ambiente de total igualdad. No soy ni capaz de hacer una clara distinción porque soy mujer y no me creo más y, por supuesto, no me creo menos que nadie. He sido criada en un entorno de total igualdad, en el que me han enseñado que uno tiene lo que se trabaja independientemente de tu género o de tu edad.
Igual que si me pides hablar de política... no tengo un voto claro, ni soy afiliada a un partido, ni me gustan unos más que otros. Porque a mi me gustan una serie de valores, una serie de ideas y de creencias sin tener que depender de una ideología; y no porque me crea lo suficientemente lista como para tener la mia propia sino porque (y ahora lo entiendo) nunca se me ha impuesto que tengo que creer o pensar una cosa.
Me gusta darle vueltas a todo, ver las dos caras de la moneda y si es posible, ver las mil caras más que no todo el mundo percibe. Me gusta la gente que defiende sus ideales, pero también me gusta la gente que no tiene ni idea de cuales son. Me gusta no tener las cosas claras pero no me gusta, me encanta saber que es lo que sí me gusta y que es lo que no. Me gusta el negro y me gusta el blanco y, como no, también me gusta el gris.
Y ser de mil cosas y a la vez de ninguna me parecía una desventaja, pero tal vez yo soy la que tiene la ventaja y los demás los que no la tengan.

lunes, 4 de abril de 2016

Muchas veces me preguntan (e incluso yo misma) por qué escribo sobre cosas personales. La verdad es que la respuesta más básica es: "para desahogarme", y sí, en cierto modo es cierto y es mucho más fácil escribir que hablar en muchas ocasiones. Pero no, ese no es mi principal motivo.
Cada uno escribe de lo que sabe, de lo que maneja y cree que controla hasta el punto de poder escribir algo consistente sobre ello. Yo no conozco nada mejor que mis propias experiencias y mis propios sentimientos, además porque pienso que hay mil temas en los que me queda tanto por conocer que es que si escribiese sobre ellos... tendrían mil fallos y estarían mal. Por eso me limito a escribir sobre lo que conozco, o sobre experiencias que creía conocer o nuevas que tengo desde otros puntos de vista,
Y, probablemente, lo que escribo no le interese a mucha gente porque son cosas que todos conocemos y encima desde el punto de vista de una persona tan indecisa como complicada. Tampoco me importa interesar a todo el mundo, esto más bien lo hago por mi y supongo que con el tiempo encontraré la forma de hacerlo por mi y por los demás.
Tampoco he pensado en catalogar o ponerle título a mis entradas porque para empezar... no tienen ni título en mi cabeza, ni están catalogadas; están todas mezcladas y desordenadas dentro del poco orden que puedo tener sobre la vida y sus líos.
Así que de momento... seguiré trasladando mis pensamientos personales por escrito y así, de alguna manera, permanecen en algún sitio más.

martes, 29 de marzo de 2016

Cuando ves que tu mundo se tambalea, que te has acostumbrado a una cosa que ya no tiene marcha atrás... que estás en un punto de no retorno, tendrás miedo o te pondrás nervioso y te preguntarás por qué esa sensación cuando hace unos días estabas tan lejos de ella.
Puede ser que haya cambiado nuestra forma de mirar las cosas, o que quizá le estemos dando demasiadas vueltas o simplemente... que nos gusta complicarnos la cabeza. Así es, muchas veces nos creamos problemas de donde no los hay, pensamos y pensamos y volvemos a pensar, hay quien se obsesiona. ¿Y como no obsesionarse cuando tenemos miedo?
Nos autoconvencemos de cosas que no queremos que pasen, que nuestros temores no se harán realidad porque sería tener muy mala suerte y de que, por supuesto, no nos lo merecemos. Necesitamos ese autoconvencimiento para sentirnos seguros en medio de un mundo que tiene de todo menos seguridad, en un mundo en el que pasan cosas horribles cada día y, por supuesto, en un mundo en el que no controlamos ni la mitad de lo que pasa.
Por eso, buscamos sitios o... más bien personas, que sintamos que son seguridad, que son nuestra tierra firme en medio de una tormenta, que nos aporten paz y tranquilidad y que nos hagan sentir que a su lado nada malo va a pasar o que si va a pasar sea a su lado porque entonces no será tan malo. 
Personas que abracemos y estemos bien, que nos hagan sentir mejor con nosotros y con los demás, personas que mejoren nuestra respiración y que se conviertan en nuestra "segunda casa", y podemos tener mil segundas casas o solamente una...Nunca se sabe, pero cuanto mejor seamos en esa "segunda casa"; más felices seremos y eso, lo tengo seguro. 

lunes, 7 de marzo de 2016

Regla número uno del periodismo: Duda de todo lo que crees conocer.
Esta es una frase mítica de mi profesora de Teorías de la Información, una asignatura que muchas veces parece que más que ayudarnos.., nos complica más la vida, y que razón tiene en ocasiones. Una de las principales enseñanzas de las carreras que tratan sobre comunicación es desconfiar de todo el mundo que nos rodea, dudar hasta de porqué comemos unas cosa su otras o de porqué hay cosas socialmente aceptadas y otras que no.
Parece algo sencillo, de hecho casi todos estamos orgullosos de decir que somos muy libres y que nadie nos dice lo que hacemos o lo que tenemos que dejar de hacer. Estamos felices y confiados en que el futuro lo formamos nosotros, y sí,pero... ¿hasta que punto? 
Vivimos en un mundo, en un país, en una ciudad...llena de convencionalismos, de estereotipos, de cánones... que pensamos que son así porque así tienen que ser o han sido siempre, se ponen de moda los pantalones rotos y pensamos que ha sido porque nosotros nos hemos salido del molde y hemos decidido romper unos pantalones. Como dice mi profesora: "La manipulación es un hecho".
Yo quizá prefiero ser algo más positiva y no hablar de manipulación porque sigo creyendo que una parte de nosotros aún puede decidir algo de lo que pase. Hablo de el conformismo que tenemos, o al que nos han acostumbrado... de la comodidad de que nos den todo pensado y representado,de manera que nosotros solo tenemos que sentarnos frente al televisor y absorber como una esponja noticias que, a veces, ni nos importan.
Pero si la mitad de la gente supiese que los medios cambian el mundo, y que son junto con otras fuerzas como la religión, la política o las artes los que han contribuido a formar la concepción que tenemos ahora mismo del mundo... se echarían a temblar. 
Vivimos en un mundo lleno de personas dispuestas a cambiar esos convencionalismos y...¿ algún día acabará ese cambio?

domingo, 28 de febrero de 2016

Tras mucho reflexionar en silencio, pensar en voz baja y concluir en mi cabeza... después de muchas idas y venidas, muchas ocasiones en las que he pensado que el tiempo se me iba, que me culpaba por algo que no era culpa mía, tras otras veces en las que me he sentido hecha un lío, que estaba dentro de un círculo del que no iba a poder salir... Tras todas esas veces y mil otras más, soy un poco más fuerte y un poco (pero sólo poco) más sabia.
Yo no sé si existe el destino, de hecho todavía me sigo replanteando qué es, pero sí es verdad que hay cosas en la vida, o más bien, personas que llegan a nuestra vida irrumpiendo en ellas como si de un tornado se tratase y ponen todo patas arribas e incluso, nos hacen cuestionarnos cosas que creíamos saber más que de sobra o cosas que hemos vivido mil veces pero nos parecen diferentes.
Y más aún, estamos felices cuando esa persona nos hace ser mejor de lo que éramos o nos hace ser la mejor versión de nosotros mismos casi todo el rato.
 Son ese tipo de personas por las que nos ponemos nerviosos, nos preocupamos, nos sentimos libres y queremos ir más alto. Son esas personas a las que le damos nuestra confianza más profunda, les dejamos descubrirnos como somos por fuera y, sobre todo, como somos por dentro sin tapujos y les damos el poder de juzgarnos o destruirnos, de querernos u odiarnos, de sentirnos o de alejarnos. Son con las que hacemos planes de futuro, con las que el tiempo se para por un rato y a la vez sentimos que avanza muy deprisa (más que de costumbre), por las que iríamos a cualquier parte y con las que reímos y alargamos la vida, con las que se nos olvida el resto del mundo, con las que queremos ser, crecer y estar hasta....¿hasta que el destino lo diga?

domingo, 7 de febrero de 2016

El pasado viernes por la noche me dediqué a ver: "Desayuno con diamantes", una película tan clásica que prácticamente es un delito no verla. Y recordé que mucho antes ya la había visto pero la quité a la mitad, seguramente fue porque no entendí ni la mitad de los diálogos o porque no entendía la época. Pero sin ninguna duda puedo afirmar a día de hoy que es una de las películas que más me han hecho reflexionar... la protagonista es una mujer libre, que deja claro que vive como quiere y hace lo que quiere sin tener ningún tipo de regla. No le pone nombre a las cosas porque opina que, en realidad, nada nos pertenece ya que solo somos personas que estamos de paso en la vida de otras personas.
Y esto me hace pensar...¿dónde hay un contrato en el que esté estipulado que las personas tenemos derecho a pertenecernos unas a otras? o, ¿por qué creemos que podemos irrumpir en a vida de alguien así sin más?
No sé si es que la naturaleza de la vida es así o que nosotros hemos hecho que así sea. Es decir, no tenemos otra manera de concebir las relaciones personales. Cuando nos enamoramos de una persona esperamos que esté al 100% con nosotros y viceversa, pero en realidad, ¿quién nos dice que esa persona es propiedad nuestra? supongo que somos así, que necesitamos sentir que poseemos algo para no sentirnos solos, para sentir que controlamos algo que quizá jamás hemos controlado o simplemente porque nos toca ser así.
No sé si en realidad, nos pertenecemos unos a otros o no... solo sé que es una de las pocas maneras que tenemos de ser felices: poseer a una persona, a su cariño, a su paciencia, a su compañía... y a la vez, sentir que somos poseídos.

lunes, 18 de enero de 2016

Creo que hoy es la primera vez en mucho tiempo que me siento con fuerzas para hablar, o más bien escribir, sobre este tema...
Hay un momento en la vida de una persona en el que un amigo nos falla, en el que una persona que consideramos de nuestra familia, sí de esa familia que escogemos, nos abandona... tal vez es que nunca estuvo realmente con nosotros o que quizá el paso de el tiempo nos lleva a convertirnos en personas muy diferentes y a distanciarnos... y, ¿ahí que hacemos?
Sentimos pena, decepción, soledad, tristeza, rabia...mucha rabia, puede que muchos huecos se queden vacíos y entonces tengamos que aprender a vivir con ellos e intentaremos llenarlos con respuestas basándonos en lo vivido y pensaremos que tenemos razón...muchísima razón.
 Después, le daremos vueltas y seguiremos hablando con nosotros mismos sobre el tema y caeremos en la cuenta de que si esa persona no hizo por recuperarnos entonces es que no nos quiere en su vida y total... ¿por qué la íbamos a querer nosotros ya en la nuestra?
Así que buscaremos refugio, buscaremos esos lugares y esas personas con las que nos sintamos bien, con las que sabemos que de verdad nos quieren y con las que nos valoran. Y pasará el tiempo, mucho tiempo, hasta el punto de que ya ni nos acordemos de esa persona... hasta el punto de que de verdad no sepamos ni quién es, ni que ha hecho la vida con ella, ni si estará bien, ni si seguirá escuchando la misma música o saliendo por los mismos sitios... no sabremos si se acordará de nosotros, y si es así: ¿por qué no nos ha buscado?
Nos haremos fuertes y esa pequeña brecha la seguiremos teniendo, y seguirá estando porque eso solo lo cura el tiempo... y tendremos cada vez más claro que hay personas que por circunstancias de la vida tienen que salir de la nuestra y quién sabe... a lo mejor un día el dolor se pasa y dejamos de sentir dolor y rabia a sentir algo de paz... quién sabe, ¿no?

martes, 12 de enero de 2016

"Las cosas buenas llegan cuando menos te lo esperas"
Sinceramente, no sé quien dijo esa frase algún día pero supongo que fuese quien fuese había podido comprobar en su piel la verdad de esas palabras. Es un tópico que queda muy bien decirlo para consolar a un amigo, o incluso para consolarnos a nosotros mismos, o cuando esperas buenas noticias... personalmente, creo que la mitad de las personas que lo dicen lo hacen con la esperanza de que algo cambie pero no porque lo piensen realmente.
Ya que solo podemos sentir el verdadero significado de la frase cuando de verdad nos ha pasado algo increíble que no entraba en nuestros planes, así quizás me siento yo ahora... 
Porque para ver el arcoiris hay que pasar la lluvia, y quizás tienes que pasar una etapa más complicada de tu vida o una etapa que no ves las cosas claras, que no sabes lo que quieres... para después saber que es lo que sí quieres y, más importante, que es lo que no quieres por encima de todo. Todo lo que hacemos hoy nos prepara para lo que nos depara el mañana.
A veces no es nuestro momento, y creemos que la vida nos dice "NO" cuando solo dice "ESPERA", espera a que aprendas, a que comentas errores mil veces, a que llores, a que te hagan daño y a que tu lo hagas, espera a ver como al final te sorprendo...
Y yo, personalmente, pienso eso cada vez más, todo llega en el momento en el que tiene que llegar y ahora estamos donde estamos por todos los momentos que hemos vividos o por todos los momentos que la vida nos ha dicho: "ESPERA", porque al final, esperando y esperando... lo bueno llega cuando dejas de esperar.

 Ni aunque me lo hubiesen contado con pelos y señales todo lo que me ha ocurrido este año me lo habría podido creer. He estado muy mala, lo ...