lunes, 13 de noviembre de 2017

¿Puede ser que la personas que más queramos sea, a veces, la que más nos saque de quicio?
¿Puede ser posible que pasemos de odiarnos a querernos, y viceversa, en cuestión de minutos?
Y, ¿puede ser que ames y maldigas, a la vez, la forma de ser de una persona?
Yo creo que todos tenemos a esa persona que nos saca más de quicio que cualquier otra, esa persona que cuando discutes llegas a odiar y esa persona que no encaja contigo. Esa persona que es capaz de sacar tus facetas más feas, las más enfadadas y las más tristes.
Esa persona que te hace cuestionarte si su forma de ser es la que tiene razón o si la tiene la tuya, es decir, ¿cómo alguien puede pensar así? y, ¿cómo puedo yo luego querer esto?
Pero es que después, es la persona que más quieres. Es la persona que te invita a ser mejor, es la mejor que te hace reír, la que está en tus días buenos, malos y regulares. Y todo también tenemos una persona así.
La gracia está cuando resulta que esas "dos personas" son la misma. Como si se tratase de dos facetas bien diferenciadas, del blanco y el negro, del Yin y el Yang, el bien y el mal o del dulce y el salado. Cosas que a simple vista no pueden vivir juntas, no pueden ser las dos a la vez, no saben juntarse, no pueden estar en el mismo espacio porque siempre ha sido así. Porque es imposible.
Pero, resulta que una no puede existir sin la otra. Sin el bien no sabríamos qué es lo que está mal, sin el negro no tendríamos ningún blanco al que llamar blanco y sin el Yin el Yang no sería nada.
Así que si encuentras estas dos facetas en la misma persona, no la dejes marchar y quédate. Lucha por hacer que esas dos facetas conecten y existan una a causa de la otra, no será fácil pero es que las cosas que merecen la pena nunca lo son. Y te aseguro que es una conexión única en la vida, porque parece imposible que dos lados tan opuestos acaben tocándose tanto, pero si lo consigues... te marcará para siempre.

domingo, 20 de agosto de 2017

Hace un mes tuve la suerte de pasar 5 días en Londres, en una ciudad que no conocía aparte de haberla visto en fotos dos o tres veces; pero lo mejor no es eso. Lo mejor es que lo compartí con mi persona favorita. Lo mejor es que tuve la suerte de andar por sus calles, de sentirme guiri por unos días, de despertarme por la mañana sin saber si lo que vería ese día me gustaría más o no, o de si no me gustaría nada.
Tuve la suerte de encender una vela en la abadía de Westminster para pedir mi deseo, contigo. Comí en un parque justo debajo del London Eye, monté en metro todas las veces que quise, me enamoré de las casas de colores de Nottin Hill, comí fish and chips, me sorprendí con Canden Town y mira que ya me habías dicho que era muy bonito, me monté en los autobuses de dos plantas y casi me caigo, me comí un brownie en sus puestos, vi la casa de Sherlock Holmes porque soy una friki  y me sorprendí con la de gente que había cantando en la calle como si formasen parte del decorado y, sobre todo, de la ciudad. Como si supiesen que ese era su sitio.

Fueron solo 5 días, pero probablemente los mejores y lo que llevaba esperando todo el año. Disfruté, miré con detenimiento lo que tenía alrededor, reí hasta que lloré y también me enfadé alguna vez porque nadie me avisó que la convivencia es así. Pero no cambiaría ni un solo segundo, ni un minuto, y tampoco te cambiaría a ti. Expertos en sentirnos diferentes a lo que nos rodea, en imaginar el futuro, en decir las cosas claras, en dejarnos sorprender con cualquier tontería y en disfrutar de las pequeñas cosas que tiene la vida, porque sean cuales sean están ahí para ser disfrutadas y no podemos privarnos de ello. Ni podemos ni debemos.

lunes, 26 de junio de 2017

Desde que tú estás no me siento tan frágil, ni tan insegura, ni me da miedo equivocarme. Desde que tú estás he aprendido a ser más fuerte y, sobre todo, a ser más paciente porque una relación, sea del tipo que sea, sin paciencia al final no es una relación sana y porque la paciencia nos hace mejores y nos enseña a esforzarnos. Desde que tú estás aprendo cosas nuevas cada día y, sobre todo, aprendo de ti. Desde que tú estás me he limitado a sentirme orgullosa de ti, de contar con alguien como tú para salvarme de los días malos y regalarme todos sus buenos. Desde que tú estás no me importa si es invierno o verano, y siempre he sido más de invierno, pero tú me has enseñado la magia del verano, la magia de una tarde en un parque tumbada. La magia de no que no importa el lugar, sino la compañía y que si la compañía es la nuestra… siempre se estará bien.
Desde que tú estás no conozco la soledad porque no me dejas sentirme así, ni las llamadas aburridas (ni que duren menos de una hora), ni las mañanas sin un “buenos días”. Desde que tú estás no me preocupo por el mañana y vivo más en el hoy, y desde que tú estás me gustan las pequeñas montañas rusas de esas que hacen que dos personas diferentes encajen. Desde que tú estás las cosquillas tienen sentido y los viajes en coche son siempre los más divertidos, suene la música que suene. Desde que tú estás me da miedo perder a alguien, y me da aún más miedo perdernos a nosotros. Desde que tú estás soy más curiosa, miro con detenimiento a la gente y me he vuelto algo más inconformista con algunas cosas y más conformista con otras tantas. Desde que tú estás hay más risas, más canciones, más sitios nuevos, más comidas desconocidas, más planes diferentes, más fotos para el recuerdo, más vida… Siempre más. Siempre sumando.

Y desde que tú estás solo puedo sentirme afortunada por todo esto y mucho más.  Gracias por “ser” desde que “estás” hace 18 veintisietes.  

sábado, 17 de junio de 2017

Hoy me he levantado pensando que no quiero que pasen los años, que este es el mejor momento y el mejor lugar lo hacemos nosotros. He pensado que me gustaría parar el tiempo, detenerlo y congelar momentos. Tomarme mi tiempo para seguir en pausa, para hacer esas fotos mentales que no olvidaré jamás. He pensado que me gustaría llevarme a personas en el viaje del tiempo, y que un día me levante más mayor, más vieja y más sabia y seguir contando con las personas de ahora que no quiero perder.
Tenemos pocas amistades y amores sinceros en nuestra vida, y me parece tan triste no conservarlos para siempre. Meter a esas personas en una vitrina y así nunca perderán su brillo ni su esencia y siempre las querremos igual que ayer o, incluso más. Somos lo que somos por las personas que nos han tocado en nuestra vida, y más aún, por las que nos han hecho sentir que eso casi que es más difícil. Luego se dice que los amigos es la familia que escogemos, pero yo creo que no todo depende de nosotros, hay una parte de azar, destino, karma o casualidad que hace que dos personas se crucen y sí, el resto ya es cosa nuestra.

 Soy firme defensora de que las relaciones se cuidan, se alimentan cada día, que hay que echarlas confianza, cariño y, lo más importante: paciencia. Sin paciencia estás condenado a acabar solo de una manera u otra, sin tolerancia no sirve que estés rodeado de muchas personas y sin respeto, no mereces el de lo demás. Por eso, espero levantarme un día y sentirme orgullosa de las relaciones que he decidido cuidar a lo largo de mi vida. 

miércoles, 7 de junio de 2017

He vuelto a escribir, después de meses y meses de parón he vuelto a escribir. Supongo que no hay ningún motivo especial por el que decides parar y tampoco hay ninguno por el que empiezas de nuevo. Simplemente, te lo pide el cuerpo. Hay momentos que necesitar meditar, reflexionar y compartirlo y hay otros que te pasan tantas y tantas cosas que suficiente tienes con asimilarlas por ti mismo. Vivimos en una sociedad que ha interiorizado, a veces en exceso, el derecho a la libertad de expresión y muchas veces es utilizada más bien para faltar el respeto. Pero es que en el momento que traspasas esa barrera, ya no es libertad de expresión pura 100%, ya podemos hablar de otras cosas.
Para mí, este es mi pequeño lugar para MI libertad de expresión. Mi lugar para decir lo que quiera decir, para contar lo que quiera contar y para expresarme como me quiera expresar. Sin normas , sin reglas, sin pensar que vale para una nota, que voy a ser calificada o juzgada. Y si lo soy, el problema entonces no será mío.

Y he vuelto a escribir porque me sienta bien, porque casi se me olvida lo bien que me sienta, porque no me viene mal recordarlo y, sobre todo, he vuelto a escribir porque me gusta. 

miércoles, 26 de abril de 2017

La vida es priorizar, es saber que hacer ahora y que dejar para más tarde. Es saber afrontar los imprevistos y las obligaciones y meterlas en esa tarea que tenemos de priorizar. Es coger las ganas y las incapacidades para meterlas en la tarea de priorizar. Es coger los sueños y los imposibles y saber priorizar. Y, ¿cómo hacemos eso?
Porque la dura realidad es que tenemos que hacerlo solos, nadie puede hacerlos por nosotros. Tenemos que armarnos de valor y decidir qué cosas meter en qué momentos y, sobre todo, tenemos que darnos cuenta de que a cada paso de esa tarea estamos creciendo. Pero ojo, que… que tengamos que hacerlo solos no significa que no podamos tener ayuda. Necesitamos "salvavidas", necesitamos a alguien que nos diga “Ey, relájate que puedes”, y cuando digo alguien no me refiero a una única persona. A veces, tenemos dos o tres salvavidas… o incluso, cuatro. Los salvavidas son personas que priorizamos, que si nos dicen ven pues vamos y lo dejamos todo. Son personas que, aunque haya que priorizarlas, van a estar ahí después. Porque las prioridades existen y porque nosotros, a la vez, somos el salvavidas de una o dos… o incluso, tres personas.

Porque priorizar no es fácil y podemos liarla muchas veces, podemos tomar un camino pensando acertar y luego ver que no era el corrector y el que mejor nos convenía… vamos, que hemos priorizado fatal. ¿ Y qué? La vida es eso, es priorizar, es improvisar, es agobiarse un rato, es encontrar personas que muchas veces más que personas son nuestro “salvavidas” o nuestro “aire limpio” y por muy independientes que nos creamos… las necesitamos y tenemos que cuidarlas muchísimo, y sobre todo, la vida es ser feliz. Y si no lo eres, créeme que algo estás haciendo mal y a lo mejor, has priorizado mal. 

lunes, 13 de marzo de 2017

Hoy me quiero. He decidido quererme y además, quererme bien, pero ojo… no se trata de quererme físicamente sino de quererme por fuera, por dentro y por todos lados habidos y por haber. Quererme cuando me levante con ganas de comerme el mundo y cuando ni yo misma me aguanto, quererme cuando me despierto empanada o cuando me salen granos, quererme cuando me quede bien la ropa y cuando no, quererme las 24 horas de los  7 días de la semana.
Espero saber quererme cuando mi mundo se tambalee, cuando me de miedo el futuro, cuando me angustie por la vida o cuando me preocupe no ser lo suficientemente buena para algo. Y más que esperar, es que quiero quererme y quiero que mi cara refleje eso. Quiero tener fuerzas todas las mañanas al salir de la cama y que, aun sabiendo que habrá días que no saldré de ella porque me habré dejado vencer… seguir con la esperanza de que al día siguiente, volveré.

Y esto, lejos de ser un ataque de egocentrismo, creo que es una filosofía de vida porque la única persona con la que vamos a vivir y conversar toda nuestra vida es con nosotros mismos y mejor aún, si no nos queremos a nosotros... ¿cómo vamos a ser capaz de querer a alguien de verdad? Y es que, todo empieza por uno mismo: querernos, mimarnos y cuidarnos. 

martes, 21 de febrero de 2017

Creemos que somos invencibles, que es muy difícil que nos pase algo realmente malo. Creemos o, mejor dicho, queremos creer que somos intocables y que al final todo nos saldrá bien. Creemos que podemos controlar todo lo que pasa en nuestro mundo, que bastante tenemos con vivir con las injusticias del mundo en general, con las guerras o la contaminación y… joder, al menos que nuestro mundo esté bien. Y muchas veces creemos que eso significa tener dinero, irnos de viaje, tener trabajo o aprobar los estudios, sentirnos parte de una familia, encontrar a alguien que nos quiera y queramos de verdad… y, ¿de qué nos sirve todo eso si nos falla lo más esencial?
A veces es curiosa la manera que tenemos de enfrentarnos a la enfermedad o la muerte, como si no fuese con nosotros o como si no nos fuese a ocurrir nunca. Pero es que un día estás aquí y mañana, ¿quién sabe? Porque nuestra historia en parte está escrita y en parte, la escribimos nosotros; pero… ¿quién conoce el final? No sabemos ni cuál es, ni cuando vendrá.

Y puede que esta sea la “gracia” de la vida, pero es que a la vez es la oportunidad que tenemos de vivir intensamente, de involucrarnos con lo que hacemos, de ponerle ilusión a lo que tocamos y cuando tocamos no me refiero solo a cosas. También y, sobre todo, hay que ponerle ilusión a las personas tanto a las que vemos un millón de veces en nuestra vida como con las que vamos a pasar 10 minutos. Hay que intentar dejarlas una marca, por pequeña que sea, dejar un recuerdo porque al final… son los únicos que no se borran. Hay que sentirse vivo por tener la oportunidad de rodearte de personas con mil historias detrás, con personas que amaremos su forma de ser y con otras, que por suerte o desgracia, son incompatibles con nosotros. Porque si no hacemos eso, si no ponemos ilusión a la gente que conocemos y nos conoce o que conoceremos y nos conocerán… ¿de qué sirve todo lo demás?

domingo, 5 de febrero de 2017

¿Queremos lo que necesitamos? o, ¿necesitamos lo que queremos? y mejor aún, ¿lo que queremos y lo que necesitamos siempre coinciden?
Casi siempre, por unas cosas o por otras, hacemos que querer y necesitar encajen. Y otras, es que aunque lo intentemos...
La mayoría de las necesidades las podemos corregir, adquirir, eliminar o suprimir. De hecho, a lo largo de nuestra vida vamos cambiando de necesidades prácticamente de manera natural sin darnos cuenta y sin ayuda, pero claro, también tenemos que ser conscientes de que hay otras que se nos van a clavar tan y tan dentro que nos va a costar muchísimo librarnos de ellas.
Pero, ¿cómo decidimos lo que queremos? Eso no podemos controlarlo, sí puede cambiar con el tiempo pero no lo elegimos nosotros de ninguna manera. Queremos sin darnos cuenta, no lo decidimos ni tampoco lo entendemos; puede que sí lo prefiramos o no... pero es que sea como sea se escapa de nuestro control. Posiblemente, ahí reside el truco de querer antes que necesitar.
Hay necesidades que matan y quereres que nos dan vida, hay necesidades que nos debilitan y quereres que nos hacen más fuertes o bien, hay necesidades que nos hacen ser mejores y apasionantes y quereres que destruyen nuestra propia personalidad. Hay veces que ambas no van a coincidir nunca y ojalá tengamos el valor para elegir lo que queremos y nos llena por encima de lo que necesitamos por ser como somos. 

lunes, 23 de enero de 2017

Cabrearse es fácil, sabes que tarde o temprano se va a acabar pasando y después solo sentiremos alivio y ganas de no seguir cabreado. Un cabreo suele ser por algo puntual, algo que nos ha dolido, que nos ha encendido y nos ha hecho chocar con otra persona o con algo… la mayoría de las veces, los cabreos son por chocar contra cosas que no podemos corregir.
Decepcionarse duele más y, normalmente, viene acompañada del cabreo. Lo jodido es que el cabreo nos abandona antes o después y la decepción… no. La decepción se queda, se hace un hueco con nosotros y no está dispuesta a abandonarnos a la primera de cambio. El cabreo hasta nos da fuerzas, pero la decepción nos las quita. Nos deja cansados, abatidos, nos deja con un peso que solo el tiempo será capaz de descargarnos de la espalda. Quizás la paradoja de la decepción, como de muchas otras cosas en la vida, es que no suele ser por nuestra culpa. No la buscamos, ni la llamamos… simplemente, viene ella sola y joder, que manera de quedarse.

Después, ¿qué nos queda?... ¿vivir con ella o intentar quitárnosla? 

 Ni aunque me lo hubiesen contado con pelos y señales todo lo que me ha ocurrido este año me lo habría podido creer. He estado muy mala, lo ...