¿Puede ser que la personas que más queramos sea, a veces, la que más nos saque de quicio?
¿Puede ser posible que pasemos de odiarnos a querernos, y viceversa, en cuestión de minutos?
Y, ¿puede ser que ames y maldigas, a la vez, la forma de ser de una persona?
Yo creo que todos tenemos a esa persona que nos saca más de quicio que cualquier otra, esa persona que cuando discutes llegas a odiar y esa persona que no encaja contigo. Esa persona que es capaz de sacar tus facetas más feas, las más enfadadas y las más tristes.
Esa persona que te hace cuestionarte si su forma de ser es la que tiene razón o si la tiene la tuya, es decir, ¿cómo alguien puede pensar así? y, ¿cómo puedo yo luego querer esto?
Pero es que después, es la persona que más quieres. Es la persona que te invita a ser mejor, es la mejor que te hace reír, la que está en tus días buenos, malos y regulares. Y todo también tenemos una persona así.
La gracia está cuando resulta que esas "dos personas" son la misma. Como si se tratase de dos facetas bien diferenciadas, del blanco y el negro, del Yin y el Yang, el bien y el mal o del dulce y el salado. Cosas que a simple vista no pueden vivir juntas, no pueden ser las dos a la vez, no saben juntarse, no pueden estar en el mismo espacio porque siempre ha sido así. Porque es imposible.
Pero, resulta que una no puede existir sin la otra. Sin el bien no sabríamos qué es lo que está mal, sin el negro no tendríamos ningún blanco al que llamar blanco y sin el Yin el Yang no sería nada.
Así que si encuentras estas dos facetas en la misma persona, no la dejes marchar y quédate. Lucha por hacer que esas dos facetas conecten y existan una a causa de la otra, no será fácil pero es que las cosas que merecen la pena nunca lo son. Y te aseguro que es una conexión única en la vida, porque parece imposible que dos lados tan opuestos acaben tocándose tanto, pero si lo consigues... te marcará para siempre.
lunes, 13 de noviembre de 2017
domingo, 20 de agosto de 2017
Hace un mes tuve la suerte de pasar 5 días en Londres, en
una ciudad que no conocía aparte de haberla visto en fotos dos o tres veces;
pero lo mejor no es eso. Lo mejor es que lo compartí con mi persona favorita.
Lo mejor es que tuve la suerte de andar por sus calles, de sentirme guiri por
unos días, de despertarme por la mañana sin saber si lo que vería ese día me
gustaría más o no, o de si no me gustaría nada.
Tuve la suerte de encender una vela en la abadía de Westminster
para pedir mi deseo, contigo. Comí en un parque justo debajo del London Eye,
monté en metro todas las veces que quise, me enamoré de las casas de colores de
Nottin Hill, comí fish and chips, me sorprendí con Canden Town y mira que ya me
habías dicho que era muy bonito, me monté en los autobuses de dos plantas y
casi me caigo, me comí un brownie en sus puestos, vi la casa de Sherlock Holmes
porque soy una friki y me sorprendí con
la de gente que había cantando en la calle como si formasen parte del decorado
y, sobre todo, de la ciudad. Como si supiesen que ese era su sitio.
Fueron solo 5 días, pero probablemente los mejores y lo que
llevaba esperando todo el año. Disfruté, miré con detenimiento lo que tenía
alrededor, reí hasta que lloré y también me enfadé alguna vez porque nadie me
avisó que la convivencia es así. Pero no cambiaría ni un solo segundo, ni un minuto,
y tampoco te cambiaría a ti. Expertos en sentirnos diferentes a lo que nos
rodea, en imaginar el futuro, en decir las cosas claras, en dejarnos sorprender
con cualquier tontería y en disfrutar de las pequeñas cosas que tiene la vida,
porque sean cuales sean están ahí para ser disfrutadas y no podemos privarnos
de ello. Ni podemos ni debemos.
lunes, 26 de junio de 2017
Desde que tú estás no me siento tan frágil, ni tan insegura,
ni me da miedo equivocarme. Desde que tú estás he aprendido a ser más fuerte y,
sobre todo, a ser más paciente porque una relación, sea del tipo que sea, sin
paciencia al final no es una relación sana y porque la paciencia nos hace
mejores y nos enseña a esforzarnos. Desde que tú estás aprendo cosas nuevas
cada día y, sobre todo, aprendo de ti. Desde que tú estás me he limitado a
sentirme orgullosa de ti, de contar con alguien como tú para salvarme de los
días malos y regalarme todos sus buenos. Desde que tú estás no me importa si es
invierno o verano, y siempre he sido más de invierno, pero tú me has enseñado
la magia del verano, la magia de una tarde en un parque tumbada. La magia de no
que no importa el lugar, sino la compañía y que si la compañía es la nuestra…
siempre se estará bien.
Desde que tú estás no conozco la soledad porque no me dejas
sentirme así, ni las llamadas aburridas (ni que duren menos de una hora), ni
las mañanas sin un “buenos días”. Desde que tú estás no me preocupo por el
mañana y vivo más en el hoy, y desde que tú estás me gustan las pequeñas
montañas rusas de esas que hacen que dos personas diferentes encajen. Desde que
tú estás las cosquillas tienen sentido y los viajes en coche son siempre los
más divertidos, suene la música que suene. Desde que tú estás me da miedo
perder a alguien, y me da aún más miedo perdernos a nosotros. Desde que tú
estás soy más curiosa, miro con detenimiento a la gente y me he vuelto algo más
inconformista con algunas cosas y más conformista con otras tantas. Desde que
tú estás hay más risas, más canciones, más sitios nuevos, más comidas
desconocidas, más planes diferentes, más fotos para el recuerdo, más vida…
Siempre más. Siempre sumando.
Y desde que tú estás solo puedo sentirme afortunada por todo
esto y mucho más. Gracias por “ser”
desde que “estás” hace 18 veintisietes.
sábado, 17 de junio de 2017
Hoy me he levantado pensando que no quiero que pasen los
años, que este es el mejor momento y el mejor lugar lo hacemos nosotros. He
pensado que me gustaría parar el tiempo, detenerlo y congelar momentos. Tomarme
mi tiempo para seguir en pausa, para hacer esas fotos mentales que no olvidaré
jamás. He pensado que me gustaría llevarme a personas en el viaje del tiempo, y
que un día me levante más mayor, más vieja y más sabia y seguir contando con
las personas de ahora que no quiero perder.
Tenemos pocas amistades y amores sinceros en nuestra vida, y
me parece tan triste no conservarlos para siempre. Meter a esas personas en una
vitrina y así nunca perderán su brillo ni su esencia y siempre las querremos
igual que ayer o, incluso más. Somos lo que somos por las personas que nos han
tocado en nuestra vida, y más aún, por las que nos han hecho sentir que eso
casi que es más difícil. Luego se dice que los amigos es la familia que
escogemos, pero yo creo que no todo depende de nosotros, hay una parte de azar,
destino, karma o casualidad que hace que dos personas se crucen y sí, el resto
ya es cosa nuestra.
Soy firme defensora
de que las relaciones se cuidan, se alimentan cada día, que hay que echarlas
confianza, cariño y, lo más importante: paciencia. Sin paciencia estás
condenado a acabar solo de una manera u otra, sin tolerancia no sirve que estés
rodeado de muchas personas y sin respeto, no mereces el de lo demás. Por eso,
espero levantarme un día y sentirme orgullosa de las relaciones que he decidido
cuidar a lo largo de mi vida.
miércoles, 7 de junio de 2017
He vuelto a escribir, después de meses y meses de parón he
vuelto a escribir. Supongo que no hay ningún motivo especial por el que decides
parar y tampoco hay ninguno por el que empiezas de nuevo. Simplemente, te lo
pide el cuerpo. Hay momentos que necesitar meditar, reflexionar y compartirlo y
hay otros que te pasan tantas y tantas cosas que suficiente tienes con
asimilarlas por ti mismo. Vivimos en una sociedad que ha interiorizado, a veces
en exceso, el derecho a la libertad de expresión y muchas veces es utilizada
más bien para faltar el respeto. Pero es que en el momento que traspasas esa
barrera, ya no es libertad de expresión pura 100%, ya podemos hablar de otras
cosas.
Para mí, este es mi pequeño lugar para MI libertad de
expresión. Mi lugar para decir lo que quiera decir, para contar lo que quiera
contar y para expresarme como me quiera expresar. Sin normas , sin reglas, sin
pensar que vale para una nota, que voy a ser calificada o juzgada. Y si lo soy,
el problema entonces no será mío.
Y he vuelto a escribir porque me sienta bien, porque casi se
me olvida lo bien que me sienta, porque no me viene mal recordarlo y, sobre
todo, he vuelto a escribir porque me gusta.
miércoles, 26 de abril de 2017
La vida es priorizar, es saber que hacer ahora y que dejar
para más tarde. Es saber afrontar los imprevistos y las obligaciones y meterlas
en esa tarea que tenemos de priorizar. Es coger las ganas y las incapacidades
para meterlas en la tarea de priorizar. Es coger los sueños y los imposibles y
saber priorizar. Y, ¿cómo hacemos eso?
Porque la dura realidad es que tenemos que hacerlo solos,
nadie puede hacerlos por nosotros. Tenemos que armarnos de valor y decidir qué
cosas meter en qué momentos y, sobre todo, tenemos que darnos cuenta de que a
cada paso de esa tarea estamos creciendo. Pero ojo, que… que tengamos que
hacerlo solos no significa que no podamos tener ayuda. Necesitamos "salvavidas",
necesitamos a alguien que nos diga “Ey, relájate que puedes”, y cuando digo
alguien no me refiero a una única persona. A veces, tenemos dos o tres salvavidas…
o incluso, cuatro. Los salvavidas son personas que priorizamos, que si nos
dicen ven pues vamos y lo dejamos todo. Son personas que, aunque haya que
priorizarlas, van a estar ahí después. Porque las prioridades existen y porque
nosotros, a la vez, somos el salvavidas de una o dos… o incluso, tres personas.
Porque priorizar no es fácil y podemos liarla muchas veces,
podemos tomar un camino pensando acertar y luego ver que no era el corrector y el
que mejor nos convenía… vamos, que hemos priorizado fatal. ¿ Y qué? La vida es
eso, es priorizar, es improvisar, es agobiarse un rato, es encontrar personas
que muchas veces más que personas son nuestro “salvavidas” o nuestro “aire
limpio” y por muy independientes que nos creamos… las necesitamos y tenemos que
cuidarlas muchísimo, y sobre todo, la vida es ser feliz. Y si no lo eres, créeme
que algo estás haciendo mal y a lo mejor, has priorizado mal.
lunes, 13 de marzo de 2017
Hoy me quiero. He decidido quererme y además, quererme bien,
pero ojo… no se trata de quererme físicamente sino de quererme por fuera, por
dentro y por todos lados habidos y por haber. Quererme cuando me levante con
ganas de comerme el mundo y cuando ni yo misma me aguanto, quererme cuando me
despierto empanada o cuando me salen granos, quererme cuando me quede bien la
ropa y cuando no, quererme las 24 horas de los
7 días de la semana.
Espero saber quererme cuando mi mundo se tambalee, cuando me
de miedo el futuro, cuando me angustie por la vida o cuando me preocupe no ser
lo suficientemente buena para algo. Y más que esperar, es que quiero quererme y
quiero que mi cara refleje eso. Quiero tener fuerzas todas las mañanas al salir
de la cama y que, aun sabiendo que habrá días que no saldré de ella porque me
habré dejado vencer… seguir con la esperanza de que al día siguiente, volveré.
Y esto, lejos de ser un ataque de egocentrismo, creo que es
una filosofía de vida porque la única persona con la que vamos a vivir y
conversar toda nuestra vida es con nosotros mismos y mejor aún, si no nos queremos
a nosotros... ¿cómo vamos a ser capaz de querer a alguien de verdad? Y es que,
todo empieza por uno mismo: querernos, mimarnos y cuidarnos.
martes, 21 de febrero de 2017
Creemos que somos invencibles, que es muy difícil que nos
pase algo realmente malo. Creemos o, mejor dicho, queremos creer que somos intocables
y que al final todo nos saldrá bien. Creemos que podemos controlar todo lo que
pasa en nuestro mundo, que bastante tenemos con vivir con las injusticias del
mundo en general, con las guerras o la contaminación y… joder, al menos que
nuestro mundo esté bien. Y muchas veces creemos que eso significa tener dinero,
irnos de viaje, tener trabajo o aprobar los estudios, sentirnos parte de una
familia, encontrar a alguien que nos quiera y queramos de verdad… y, ¿de qué
nos sirve todo eso si nos falla lo más esencial?
A veces es curiosa la manera que tenemos de enfrentarnos a
la enfermedad o la muerte, como si no fuese con nosotros o como si no nos fuese
a ocurrir nunca. Pero es que un día estás aquí y mañana, ¿quién sabe? Porque
nuestra historia en parte está escrita y en parte, la escribimos nosotros;
pero… ¿quién conoce el final? No sabemos ni cuál es, ni cuando vendrá.
Y puede que esta sea la “gracia” de la vida, pero es que a
la vez es la oportunidad que tenemos de vivir intensamente, de involucrarnos
con lo que hacemos, de ponerle ilusión a lo que tocamos y cuando tocamos no
me refiero solo a cosas. También y, sobre todo, hay que ponerle ilusión a las
personas tanto a las que vemos un millón de veces en nuestra vida como con las
que vamos a pasar 10 minutos. Hay que intentar dejarlas una marca, por pequeña
que sea, dejar un recuerdo porque al final… son los únicos que no se borran.
Hay que sentirse vivo por tener la oportunidad de rodearte de personas con mil
historias detrás, con personas que amaremos su forma de ser y con otras, que
por suerte o desgracia, son incompatibles con nosotros. Porque si no hacemos
eso, si no ponemos ilusión a la gente que conocemos y nos conoce o que
conoceremos y nos conocerán… ¿de qué sirve todo lo demás?
domingo, 5 de febrero de 2017
¿Queremos lo que necesitamos? o, ¿necesitamos lo que queremos? y mejor aún, ¿lo que queremos y lo que necesitamos siempre coinciden?
Casi siempre, por unas cosas o por otras, hacemos que querer y necesitar encajen. Y otras, es que aunque lo intentemos...
Casi siempre, por unas cosas o por otras, hacemos que querer y necesitar encajen. Y otras, es que aunque lo intentemos...
La mayoría de las necesidades las podemos corregir, adquirir, eliminar o suprimir. De hecho, a lo largo de nuestra vida vamos cambiando de necesidades prácticamente de manera natural sin darnos cuenta y sin ayuda, pero claro, también tenemos que ser conscientes de que hay otras que se nos van a clavar tan y tan dentro que nos va a costar muchísimo librarnos de ellas.
Pero, ¿cómo decidimos lo que queremos? Eso no podemos controlarlo, sí puede cambiar con el tiempo pero no lo elegimos nosotros de ninguna manera. Queremos sin darnos cuenta, no lo decidimos ni tampoco lo entendemos; puede que sí lo prefiramos o no... pero es que sea como sea se escapa de nuestro control. Posiblemente, ahí reside el truco de querer antes que necesitar.
Hay necesidades que matan y quereres que nos dan vida, hay necesidades que nos debilitan y quereres que nos hacen más fuertes o bien, hay necesidades que nos hacen ser mejores y apasionantes y quereres que destruyen nuestra propia personalidad. Hay veces que ambas no van a coincidir nunca y ojalá tengamos el valor para elegir lo que queremos y nos llena por encima de lo que necesitamos por ser como somos.
Hay necesidades que matan y quereres que nos dan vida, hay necesidades que nos debilitan y quereres que nos hacen más fuertes o bien, hay necesidades que nos hacen ser mejores y apasionantes y quereres que destruyen nuestra propia personalidad. Hay veces que ambas no van a coincidir nunca y ojalá tengamos el valor para elegir lo que queremos y nos llena por encima de lo que necesitamos por ser como somos.
lunes, 23 de enero de 2017
Cabrearse es fácil, sabes que tarde o temprano se va a
acabar pasando y después solo sentiremos alivio y ganas de no seguir cabreado.
Un cabreo suele ser por algo puntual, algo que nos ha dolido, que nos ha
encendido y nos ha hecho chocar con otra persona o con algo… la mayoría de las
veces, los cabreos son por chocar contra cosas que no podemos corregir.
Decepcionarse duele más y, normalmente, viene acompañada del
cabreo. Lo jodido es que el cabreo nos abandona antes o después y la decepción…
no. La decepción se queda, se hace un hueco con nosotros y no está dispuesta a
abandonarnos a la primera de cambio. El cabreo hasta nos da fuerzas, pero la
decepción nos las quita. Nos deja cansados, abatidos, nos deja con un peso que
solo el tiempo será capaz de descargarnos de la espalda. Quizás la paradoja de
la decepción, como de muchas otras cosas en la vida, es que no suele ser por
nuestra culpa. No la buscamos, ni la llamamos… simplemente, viene ella sola y
joder, que manera de quedarse.
Después, ¿qué nos queda?... ¿vivir con ella o intentar
quitárnosla?
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