Últimamente he estado dandole vueltas al tema de las segundas oportunidades. Creo que se habla poco cobre ellas y mucho me temo que es porque no se dan. Faltan más segundas oportunidades en el mundo. Creo que el ser humano ha evolucionado al estado de ser tajante. Si algo no e hace feliz, fuera; si no vivo un cuento de hadas en mi relación, fuera; si no me gusta esto, fuera; si no estoy agusto en un trabajo, fuera... Y así con una lista enorme de cosas y situaciones.
Supongo que no se suelen dar segundas oportunidades porque no nos paramos a pensar en que nosotros tabién fallamos, en que hoy te la hacen y mañana la haces tú y así sucesivamente. Sin querer, sin mala intención... pero al final, todos la liamos igual para una u otra persona en algún momento.
Es tan simple como pararnos a pensar en si estuviéramos en el lugar de enfrente, ¿nosotros querríamos que nos perdonasen? ¿Nosotros pensaríamos que merecemos una segunda oportunidad? ¿Lucharíamos por ella?
Si la respuesta te sale “sí” entonces no dudes en concederla tú, si a ti te gustaría que te diesen una segunda oportunidad u otra ocasión para demostrar y cambiar las cosas, no dudes en dársela a la otra persona. Estamos hechos de errores, de tirar y fallar, de arrancar y quedarnos, y así hasta que acertamos, hasta que valoramos aún más, hasta que nos damos cuenta lo que tenemos.
Si por el contrario, la respuesta te sale “no” entonces tienes que dejar marchar a esa persona. Lo priero es ser honestos y sinceros con nosotros mismos para poder serlo después con los demás.
viernes, 2 de noviembre de 2018
miércoles, 29 de agosto de 2018
Me he perdido más veces de las que me he encontrado. No sé cómo, no sé porqué... pero siempre me pierdo. Y cuando me pierdo me empeño en encontrar el camino de regreso a casa como si esa fuese mi salvación, correr a los brazos de mi madre y no volver a salir de ahí nunca más. Lo que no es tan fácil es darse cuenta de que aunque volvamos a casa y a los brazos de mamá, tú ya te has perdido, ya te has adentrado en caminos desconocidos, ya has tenido que hacer frente a ello. Siempre he presumido de enfrentarme a todo, y sí, lo hago... pero no sin antes querer irme corriendo. Soy una cobarde con ganas de dejar de serlo. Salir corriendo y no mirar atrás. Dejar para otro momento lo que me da miedo y a la vez atormentarme porque las cosas no son así. Preocuparme demasiado del qué pasará, del qué está pasando, de lo que estoy haciendo, de cómo estoy actuando... Es como un circulo vicioso. No sé, me pierdo y a veces me encuentro y otras me encuentran. Y no sé qué es más importante si salvarte o que te salven... supongo que la magia de la vida es tener una mezcla de las dos: no perderte a ti y saber que tienes personas dispuestas a encontrarte cuando tú no puedas.
sábado, 30 de junio de 2018
Esto nunca te lo he contado, pero algunas veces me puede el miedo. Cuando nadie me ve me hundo y abandono esa fachada de poder con todo.
Esto nunca te lo he contado, pero no me gusta sentirte lejos. No me gustan los días sola, sin un rayo de sol por la ventana de mi humor.
Y esto... esto tampoco te lo he contado, pero soy una cobarde. Me dan miedo los nuevos retos, aunque a le vez esté deseando enfrentarme a ellos. Es una mezcla.
Tampoco te he contado que sin ti todo me parece más triste, una desilusión. Como cuando a un niño le quitan un helado. Como cuando tu equipo pierde el partido más importante. Todo se desvanece.
Y aparento ser fuerte, pero es que tampoco sabes que no solo se llora por fuera sino que muchas veces, se llora por dentro. Y quizás eso es lo que más duele. Esa angustia que no sacas, que se queda en tu pecho a vivir contigo unas horas o unos días. Y no hay quien la saque de ahí, porque no sabes como se hace, porque lo intentas y ves que no sirve....
Y seguramente tampoco sabes, porque claro... nunca te lo he contado, pero poco a poco soy capaz de meter mis miedos debajo de la cama y enterrarlos. Pero claro, eso no implica que a veces asomen su cabeza como si, en realidad, nunca se hubiesen ido.
Y lo que nunca, jamás vas a saber es lo mucho que te debo. Las gracias que me quedan por darte aún por ir descubriendo poco a poco que no todo es lo que parece.
Esto nunca te lo he contado, pero no me gusta sentirte lejos. No me gustan los días sola, sin un rayo de sol por la ventana de mi humor.
Y esto... esto tampoco te lo he contado, pero soy una cobarde. Me dan miedo los nuevos retos, aunque a le vez esté deseando enfrentarme a ellos. Es una mezcla.
Tampoco te he contado que sin ti todo me parece más triste, una desilusión. Como cuando a un niño le quitan un helado. Como cuando tu equipo pierde el partido más importante. Todo se desvanece.
Y aparento ser fuerte, pero es que tampoco sabes que no solo se llora por fuera sino que muchas veces, se llora por dentro. Y quizás eso es lo que más duele. Esa angustia que no sacas, que se queda en tu pecho a vivir contigo unas horas o unos días. Y no hay quien la saque de ahí, porque no sabes como se hace, porque lo intentas y ves que no sirve....
Y seguramente tampoco sabes, porque claro... nunca te lo he contado, pero poco a poco soy capaz de meter mis miedos debajo de la cama y enterrarlos. Pero claro, eso no implica que a veces asomen su cabeza como si, en realidad, nunca se hubiesen ido.
Y lo que nunca, jamás vas a saber es lo mucho que te debo. Las gracias que me quedan por darte aún por ir descubriendo poco a poco que no todo es lo que parece.
jueves, 14 de junio de 2018
Quizás lo peor de enfadarnos con alguien o algo no es el cabreo en sí. Porque un cabreo puede durar más o menos tiempo, conozco cabreos de 10 minutos y otros de días. Pero, seguramente, lo peor del cabreo es lo que ocurre tras él. TodoTlo que trae consigo. Todo lo que arrastra con él. Todo lo que deja.
No conozco ninguno que haya pasado desapercibido, porque si tras un cabreo no sientes nada es porque no ha sido un cabreo y lo más probable es que haya sido un pique. Pero si es de verdad, sentiremos rabia, muchísima rabia de hecho. Y, después, vendrá su prima hermana la decepción. Y ella aparece cuando nos paramos a analizar exactamente por qué nos hemos cabreado y qué hemos hecho o podemos hacer al respecto.
La decepción seguramente se quede con nosotros para siempre en esos cabreos en los que entendemos que es imposible la negociación con la otra persona, que nunca habrá un acuerdo, que podríais repetir la misma discusión 1000 veces y seguiría siendo la misma. Y eso duele, nos deja deshinchados, sin ganas y con millones de preguntas en la cabeza.
Lo que queda después es comernos la decepción con patatas, dejar que pase o, bien, que se nos olvide. Y con suerte mañana o pasado pensaremos que fuimos tontos por cabrearnos y más tontos aún por decepcionarnos. Nos diremos que hemos sido exagerados, injustos y un poco dramáticos. Y así, hasta la próxima vez. Hasta que el bucle empiece de nuevo. Hasta que un día nos cansemos de la pescadilla que se muerde la cola...
No conozco ninguno que haya pasado desapercibido, porque si tras un cabreo no sientes nada es porque no ha sido un cabreo y lo más probable es que haya sido un pique. Pero si es de verdad, sentiremos rabia, muchísima rabia de hecho. Y, después, vendrá su prima hermana la decepción. Y ella aparece cuando nos paramos a analizar exactamente por qué nos hemos cabreado y qué hemos hecho o podemos hacer al respecto.
La decepción seguramente se quede con nosotros para siempre en esos cabreos en los que entendemos que es imposible la negociación con la otra persona, que nunca habrá un acuerdo, que podríais repetir la misma discusión 1000 veces y seguiría siendo la misma. Y eso duele, nos deja deshinchados, sin ganas y con millones de preguntas en la cabeza.
Lo que queda después es comernos la decepción con patatas, dejar que pase o, bien, que se nos olvide. Y con suerte mañana o pasado pensaremos que fuimos tontos por cabrearnos y más tontos aún por decepcionarnos. Nos diremos que hemos sido exagerados, injustos y un poco dramáticos. Y así, hasta la próxima vez. Hasta que el bucle empiece de nuevo. Hasta que un día nos cansemos de la pescadilla que se muerde la cola...
martes, 29 de mayo de 2018
Siempre he pensado que las cosas no vienen solas. Que hay
que esforzarse por lo que queremos. Y viniste a poner en práctica eso. Que en
las relaciones se trabaja, que un poquito tú y un poquito yo pueden hacer algo
muy grande. Paso a paso. Y así se construyen las mejores cosas. Las mejores
relaciones. Viniste a enseñarme a mejorar. Que no se trata de cambiar nada ni a
nadie, sino de mejorar. De pulir. De querer avanzar. De querer crecer. Juntos.
Mano a mano. Y por eso eres la persona más diferente y parecida a mí, a la vez.
Porque hemos descubierto todo eso juntos. Porque nunca pensé hacerlo. Porque
nunca lo pretendí. Y aquí estás. Aquí estoy. Aquí estamos, día a día. Y por muy
mal que vayan las cosas, ahí está tu mano junto a la mía. Siempre. Por odiar y
querer a la vez. Por ser incansables. Por cuestionarnos todo. Por reafirmarlo.
Por volverlo a cuestionar y volver a reafirmarnos en nosotros mismos. Por tener
claro lo importante. Porque sabemos lo que es. Lo que significa. Por el apoyo.
Porque queremos, así de fácil. Así de simple. Así de sencillo.
miércoles, 18 de abril de 2018
A veces una persona puede estar rodeada de gente y sentirse sola. A veces podemos ver la superficie, pero no sabemos lo que ocurre en el fondo. Y a veces, y solo a veces... tenemos el valor de admitir ambas.
Tan duro es sentirse solo como admitir que lo sientes. Porque no queremos, porque no es bonito, porque a nadie le gusta...
Posiblemente solo contemos en nuestra vida con 3 ó 4 personas que nunca nos van a abandonar, el resto está de paso. Relaciones, amistades, vivencias preciosas con las que has tenido la suerte de compartir algunos años y momentos de tu vida. Que han venido a aportarnos algo, a protagonizar unos cuantos capítulos de lo que es el libro de nuestra vida.
Joder, a lo mejor solo somos eso. La suma de todas las personas y momentos únicos y pasajeros que hemos vivido. A lo mejor de verdad estamos solos, a lo mejor no tenemos a nadie más que a nosotros mismos. Y a lo mejor tenemos que acostumbrarnos a que nada es fijo, inmutable, nada permanece para siempre, que no hay nadie con quien podamos contar 24 horas todos los años de nuestra vida aparte de con nosotros.
¿Y por qué nadie nos avisó de esto? ¿Por qué nadie nos lo dijo antes de empezar? ¿Por qué hay que darse cuenta uno mismo? ¿Por qué duele? ¿Por qué?... Y un sinfín de por qués con ninguna respuesta clara, y dudo que alguien la tenga. De hecho, dudo que alguien la conozca y dudo mucho que alguien la llegue a conocer...
Tan duro es sentirse solo como admitir que lo sientes. Porque no queremos, porque no es bonito, porque a nadie le gusta...
Posiblemente solo contemos en nuestra vida con 3 ó 4 personas que nunca nos van a abandonar, el resto está de paso. Relaciones, amistades, vivencias preciosas con las que has tenido la suerte de compartir algunos años y momentos de tu vida. Que han venido a aportarnos algo, a protagonizar unos cuantos capítulos de lo que es el libro de nuestra vida.
Joder, a lo mejor solo somos eso. La suma de todas las personas y momentos únicos y pasajeros que hemos vivido. A lo mejor de verdad estamos solos, a lo mejor no tenemos a nadie más que a nosotros mismos. Y a lo mejor tenemos que acostumbrarnos a que nada es fijo, inmutable, nada permanece para siempre, que no hay nadie con quien podamos contar 24 horas todos los años de nuestra vida aparte de con nosotros.
¿Y por qué nadie nos avisó de esto? ¿Por qué nadie nos lo dijo antes de empezar? ¿Por qué hay que darse cuenta uno mismo? ¿Por qué duele? ¿Por qué?... Y un sinfín de por qués con ninguna respuesta clara, y dudo que alguien la tenga. De hecho, dudo que alguien la conozca y dudo mucho que alguien la llegue a conocer...
martes, 10 de abril de 2018
Cuando una persona tiene un cargo público todos entendemos que es para servir a la comunidad, a la sociedad en la que vive, a mejorar algo. Porque sino vienes a mejorar, mejor te quedas en casa y no ejerces ni cargo público ni nada. Entendemos que se tiene una responsabilidad y un criterio, que te has ganado estar dónde estás porque tienes la confianza de la gente.
Si la confianza de la gente en ti se ha roto, entonces tu cargo público ya no está respaldado ni tendrá esencia en nada. Ahí reside la cuestión.
El problema es que parece que las personas que ejercen un cargo público se creen superiores o por encima y que nadie los puede tocar. Soy de otra generación, pero creo que las cosas se hacen y se llevan a cabo con un sentido. Con un fin. Con algo que aportar.
Impotencia se queda corto para definir el sentimiento que muchas personas tienen hoy en día respecto a este tipo de cuestiones.
Como alumna de la URJC me veo afectada de lleno, y expuesta a una serie de gracias o encasillamientos simplemente porque los que "mandan" decidan saltarse las normas. No es justo. No es justo que paguemos los de abajo. No es justo que se cuestione la labor de muchos profesores buenísimos en su trabajo simplemente porque a dos o tres les ha apetecido saltarse las reglas. Porque eso nos pone en entredicho a todos.
Y no es justo que los alumnos, a los que no se nos regala nada también paguemos por ello. En dos años y medio de carrera, nadie me ha regalado nada. No ha venido nadie a decirme que soy buena estudiante o que por mi cara bonita merezco esto o lo otro.
Y, por supuesto, no creo que nadie haya pensado en lo que repercute esto a la propia gente de la universidad. A todas esas personas que ejercen bien su trabajo y a las que se las está tachando de una cosa o de otra.
Así que, ya no hablo de tener un cargo más o menos alto en una institución, sino cuando tienes la confianza de la gente, de un grupo, de un colectivo... Estás en deuda con ellos y tu trabajo debe ir encaminado a dejar las cosas mejor de lo que te las encontraste antes de venir, no a aprovecharte de ello.
jueves, 1 de marzo de 2018
Después de unas semanas difíciles me he dado cuenta de que
soy más fuerte de lo que pensaba. De que todos lo somos más de lo que creemos.
Solo hace falta ponernos a prueba para comprobarlo. Creo que ha sido la primera
vez en mi vida que me he levantado cada día de esta “mala racha” diciéndome a
mí misma: “Tú puedes con todo”. Y nadie se imagina lo que supone eso para una
persona que le costaba mirarse al espejo para decirse justo lo mismo hace unos
años o, incluso meses.
Y ha sido la primera vez que me he importado yo más que
otras cosas, porque con quien tenemos que dormir todas las noches de nuestra
vida es con nosotros mismos y nuestra conciencia. Y porque si nosotros mismos no nos creemos
capaces de cualquier cosa… entonces no seremos capaces de nada. Los demás
pueden creer en ti, y es increíble sentir ese apoyo. De hecho ese apoyo muchas
veces es el motor que nos hace falta, y es el ancla al que recurrimos cuando no
podemos más. Porque no se trata de no dudar nunca de ti, sino de afirmar una
vez detrás de otra que puedes con todo. Y más que eso, se trata de demostrártelo
cada día. “No hay nada más importante que creernos capaces de superar todo lo
que nos venga”.
lunes, 29 de enero de 2018
Me dan miedo los monstruos, esos que todos tenemos dentro y
de vez en cuando se apoderan de nosotros. Y me da aún más miedo no saber cómo
hacer que se vayan.
Todos tenemos monstruos, de distintos tipos, colores,
tamaños y sensaciones. Porque todos hemos tenido miedo alguna vez, miedo de
algo que no podemos controlar, miedo de sentir algo que no queremos sentir,
miedo de no saber cómo echar a ese monstruos. Yo hablo de los monstruos
permanentes. De los que llevamos muy dentro y muy escondidos, de los que no
enseñamos a todo el mundo. De los que nos definen y nos invaden de vez en
cuando.
Quizás lo malo no es que haya monstruos que nos comen de vez
en cuando, sino cómo nos dejan una vez que se van. Parece que vienen a tirarnos
todo lo que hemos construido desde que se fueron la última vez y sentimos que
nuestro trabajo no vale para nada y que, en realidad, no lo tenemos superado
sino todo lo contrario. Pero es tan importante admitir que tenemos monstruos
dentro como ir trabajando para que cada vez tiren menos cosas cuando aparezcan.
No es ni fácil ni bonito, son trabajos a largo plazo que tenemos pendientes con
nosotros mismos: superarlo. Y nos lo debemos, nos debemos mejorar, crecer,
superar monstruos para hacer frente a todos lo que vengan después. Esto puede
llevarnos meses, años e, incluso, vidas. Pero si no nos esforzamos por mejorar y
superar esos monstruos… siempre ganarán y nosotros estaremos perdidos para
siempre.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Ni aunque me lo hubiesen contado con pelos y señales todo lo que me ha ocurrido este año me lo habría podido creer. He estado muy mala, lo ...
-
Regla número uno del periodismo: Duda de todo lo que crees conocer. Esta es una frase mítica de mi profesora de Teorías de la Información,...
-
El tiempo. Para algunos es la manera de medir el día, los acontecimientos y la vida. Y para otros, el tiempo es justo lo que les falta en l...
-
Quédate con quien te cuide, con quien te quiera. Quédate con quien te mejore, con quien consiga hacerte salir de casa un domingo por la tard...