Hoy me quiero. He decidido quererme y además, quererme bien,
pero ojo… no se trata de quererme físicamente sino de quererme por fuera, por
dentro y por todos lados habidos y por haber. Quererme cuando me levante con
ganas de comerme el mundo y cuando ni yo misma me aguanto, quererme cuando me
despierto empanada o cuando me salen granos, quererme cuando me quede bien la
ropa y cuando no, quererme las 24 horas de los
7 días de la semana.
Espero saber quererme cuando mi mundo se tambalee, cuando me
de miedo el futuro, cuando me angustie por la vida o cuando me preocupe no ser
lo suficientemente buena para algo. Y más que esperar, es que quiero quererme y
quiero que mi cara refleje eso. Quiero tener fuerzas todas las mañanas al salir
de la cama y que, aun sabiendo que habrá días que no saldré de ella porque me
habré dejado vencer… seguir con la esperanza de que al día siguiente, volveré.
Y esto, lejos de ser un ataque de egocentrismo, creo que es
una filosofía de vida porque la única persona con la que vamos a vivir y
conversar toda nuestra vida es con nosotros mismos y mejor aún, si no nos queremos
a nosotros... ¿cómo vamos a ser capaz de querer a alguien de verdad? Y es que,
todo empieza por uno mismo: querernos, mimarnos y cuidarnos.