martes, 29 de noviembre de 2016

Nos convencemos de que quien nos quiere, no nos hace daño. Y así ignoramos que si queremos, de verdad, tenemos que hacernos daño de vez en cuando. Sentir realmente conlleva experimentar todos los sentimientos y actitudes que tenemos dentro de nosotros. Y, otras veces, es necesario hacerse daño para valorar lo bien que se está cuando no nos lo hacemos, cuando comprendemos y nos comprenden.

Hacerse daño no implica dejar de querer, no implica un “adiós”… a lo mejor, sí implica un “hasta luego” para volver después con aire nuevo. Si nos queremos, a veces nos haremos daño y es una realidad que tenemos que admitir. Es algo con lo que tenemos que aprender a vivir, y con el paso del tiempo nosotros mismos seremos lo que pondremos la barrera de donde sí y donde no. Pero lo que no podemos hacer es ponerla antes de tiempo, antes de experimentar, antes de saber que aparte de hacernos daño, nosotros también lo hacemos.  

domingo, 20 de noviembre de 2016

Sabemos que la moneda tiene dos caras: cara y cruz, o cruz y cara. Y qué curioso es que siempre veamos la misma aun sabiendo que si damos la vuelta tenemos la otra. Pero nos da igual, nos centramos en la que nos ha tocado. Y a veces, nos centramos tanto que olvidamos la otra parte, olvidamos que no estamos solos, que necesitamos la otra cara para poder ser… para poder seguir. 
Y cuando alguien aparece y nos dice “Eh, que hay dos caras” es cuando empezamos a pensar que a lo mejor tiene razón, y que nos hemos cegado tanto en la nuestra que ni siquiera nos hemos acordado. Que hemos sido tan cabezones que no hemos querido pensar que habría otra, que hemos sido egoístas, que lo hemos hecho mal.  Y si tenemos la fuerza, el coraje y las ganas miraremos la otra cara y entenderemos que puede pensar cosas que a nosotros ni se nos habían ocurrido y reflexionaremos y al final, si somos valientes admitiremos que tenemos algo de culpa. Y es tan importante saber cual es tu lado de la moneda, como saber admitir que hay otro con la misma razón que tú.


sábado, 12 de noviembre de 2016

Tómate tu tiempo, tírate una tarde entera viendo pelis viejas y comiendo chocolate, vete de excursión a un pueblo del cual lo único que sepas de él sea el nombre, baila delante del espejo y canta muy alto hasta que te oigan los vecinos.
Respira profundamente y cuenta hasta 100 cuando la situación te agobie, llora si lo necesitas porque llorar no es debilidad es desahogo, date un capricho de vez en cuando, lee un buen libro en la playa y quédate con ganas de más, pierde la noción del tiempo y que te de igual, ríete muy fuerte con aquellas cosas que son graciosas y sobre todo, con las personas que lo provocan.
Como dice Pereza: "Ven a Madrid y ten un descuido", dile a alguien que le quieres aunque ya lo sepa... da igual, hay que recordarlo de tanto en cuanto. Ilusiónate con alguien sin saber el final, lo que tenga que ser... será. Dedícate tiempo a ti mismo, cuídate y quiérete bien y además, mira a tu alrededor... Mira a las personas que te rodean, siéntete afortunado por tenerlas en tu vida.
Y si no sientes ilusión por nada de esto, asegúrate de cambiar la situación. Pero no dejes que se vayan las pequeñas ilusiones que tenemos el deber de brindarnos a nosotros, y a los demás.

 Ni aunque me lo hubiesen contado con pelos y señales todo lo que me ha ocurrido este año me lo habría podido creer. He estado muy mala, lo ...