Nos convencemos de que quien nos quiere, no nos hace daño. Y
así ignoramos que si queremos, de verdad, tenemos que hacernos daño de vez en
cuando. Sentir realmente conlleva experimentar todos los sentimientos y
actitudes que tenemos dentro de nosotros. Y, otras veces, es necesario hacerse
daño para valorar lo bien que se está cuando no nos lo hacemos, cuando
comprendemos y nos comprenden.
Hacerse daño no implica dejar de querer, no implica un
“adiós”… a lo mejor, sí implica un “hasta luego” para volver después con aire
nuevo. Si nos queremos, a veces nos haremos daño y es una realidad que tenemos
que admitir. Es algo con lo que tenemos que aprender a vivir, y con el paso del
tiempo nosotros mismos seremos lo que pondremos la barrera de donde sí y donde
no. Pero lo que no podemos hacer es ponerla antes de tiempo, antes de
experimentar, antes de saber que aparte de hacernos daño, nosotros también lo
hacemos.