miércoles, 2 de diciembre de 2015

Anoche tuve el placer de asistir a uno de los mejores conciertos de mi vida, un concierto de un tío que empezó tocando en su cuarto con una guitarra vieja, de un tío que decidió venirse a Madrid a tocar al Metro, un tío que estuvo meses y meses durmiendo en un sofá ajeno por el mero placer de tocar al día siguiente por unos meros euros, de un tío que ha luchado porque sabía que tenía algo especial.

Andrés Suárez no es solo un músico, alguien que es capaz de hacerte temblar con sus letras y que es capaz de hacerte llorar... no tiene solo el reconocimiento de músico y no porque ser músico no tenga ya bastante carga emocional, sino porque hoy en día se llama "músico" a cualquier cosa. Pues a parte de ser cantante, compone sus letras, tiene la gran capacidad de transmitir de una de las formas más bonitas que conozco todas sus experiencias y vivencias; sabe calmar con su voz el día más triste dele mundo y entender todos los desamores conocidos hasta el momento, sus canciones rozan la dulzura, la comprensión, la delicadeza, rozan la pureza que solo tienen aquellas canciones que se sienten en el alma.
Y me podría tirar toda la noche elogiando la labor de un tío que lo que más tiene es humildad y simpleza, porque lo que más me gusta de él es que es un artista que no muchos conocen y tener ese "pequeño" privilegio de disfrutar de su música. 

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