domingo, 28 de febrero de 2016

Tras mucho reflexionar en silencio, pensar en voz baja y concluir en mi cabeza... después de muchas idas y venidas, muchas ocasiones en las que he pensado que el tiempo se me iba, que me culpaba por algo que no era culpa mía, tras otras veces en las que me he sentido hecha un lío, que estaba dentro de un círculo del que no iba a poder salir... Tras todas esas veces y mil otras más, soy un poco más fuerte y un poco (pero sólo poco) más sabia.
Yo no sé si existe el destino, de hecho todavía me sigo replanteando qué es, pero sí es verdad que hay cosas en la vida, o más bien, personas que llegan a nuestra vida irrumpiendo en ellas como si de un tornado se tratase y ponen todo patas arribas e incluso, nos hacen cuestionarnos cosas que creíamos saber más que de sobra o cosas que hemos vivido mil veces pero nos parecen diferentes.
Y más aún, estamos felices cuando esa persona nos hace ser mejor de lo que éramos o nos hace ser la mejor versión de nosotros mismos casi todo el rato.
 Son ese tipo de personas por las que nos ponemos nerviosos, nos preocupamos, nos sentimos libres y queremos ir más alto. Son esas personas a las que le damos nuestra confianza más profunda, les dejamos descubrirnos como somos por fuera y, sobre todo, como somos por dentro sin tapujos y les damos el poder de juzgarnos o destruirnos, de querernos u odiarnos, de sentirnos o de alejarnos. Son con las que hacemos planes de futuro, con las que el tiempo se para por un rato y a la vez sentimos que avanza muy deprisa (más que de costumbre), por las que iríamos a cualquier parte y con las que reímos y alargamos la vida, con las que se nos olvida el resto del mundo, con las que queremos ser, crecer y estar hasta....¿hasta que el destino lo diga?

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