Y sin quererlo, a veces necesitas alejarte para echar de
menos. Y alejarse no es irse, alejarse es tomar aire y dejar que los demás lo
tomen sin ti. Alejarse es ponerte a prueba y como no, es poner a prueba a los
que tienes a tu lado. Alejarse es conocerte mejor, es respirar de nuevo, es ver
y descubrir cosas que ni sabías que existían o cosas que ni sabías que podías
sentir.
Y queriendo, a veces te alejas y te sientes más perdido que
nunca. Y te sientes más lejos de tu hogar, de las pequeñas cosas que te hacen “estar
en casa”, de todo aquello que creemos monotonía hasta que descubrimos cuanto
las necesitamos.
Cuando regresamos, volvemos siendo los mismos pero con más
cosas aprendidas. Con más batallas perdidas y algunas más ganadas, con más kilómetros
andados, con más fotografías hechas, con más momentos inolvidables, con más
reflexiones, y con suerte… con más conocimiento de ti mismo que antes. Volverás a ser tú, el que eras antes de
alejarte y el que seguirás siendo porque tendrás la sensación de que estás
donde tienes que estar. Porque sentirás que ese es tu sitio y que pudiendo
estar en cualquier otro, te quedas ahí porque quieres y porque querer estar
vale más que querer alejarse.
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