Casi siempre, por unas cosas o por otras, hacemos que querer y necesitar encajen. Y otras, es que aunque lo intentemos...
La mayoría de las necesidades las podemos corregir, adquirir, eliminar o suprimir. De hecho, a lo largo de nuestra vida vamos cambiando de necesidades prácticamente de manera natural sin darnos cuenta y sin ayuda, pero claro, también tenemos que ser conscientes de que hay otras que se nos van a clavar tan y tan dentro que nos va a costar muchísimo librarnos de ellas.
Pero, ¿cómo decidimos lo que queremos? Eso no podemos controlarlo, sí puede cambiar con el tiempo pero no lo elegimos nosotros de ninguna manera. Queremos sin darnos cuenta, no lo decidimos ni tampoco lo entendemos; puede que sí lo prefiramos o no... pero es que sea como sea se escapa de nuestro control. Posiblemente, ahí reside el truco de querer antes que necesitar.
Hay necesidades que matan y quereres que nos dan vida, hay necesidades que nos debilitan y quereres que nos hacen más fuertes o bien, hay necesidades que nos hacen ser mejores y apasionantes y quereres que destruyen nuestra propia personalidad. Hay veces que ambas no van a coincidir nunca y ojalá tengamos el valor para elegir lo que queremos y nos llena por encima de lo que necesitamos por ser como somos.
Hay necesidades que matan y quereres que nos dan vida, hay necesidades que nos debilitan y quereres que nos hacen más fuertes o bien, hay necesidades que nos hacen ser mejores y apasionantes y quereres que destruyen nuestra propia personalidad. Hay veces que ambas no van a coincidir nunca y ojalá tengamos el valor para elegir lo que queremos y nos llena por encima de lo que necesitamos por ser como somos.
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