jueves, 22 de abril de 2021

Si algo tengo claro es que no soy la misma persona que hace unos años o, incluso, que hace unos meses. Me he vuelto en una especie de egoísta bienintencionada o, como yo prefiero llamarlo, en una persona que cuida y respeta su paz mental. Y, es que, cuanto nos cuesta respetar nuestra tranquilidad, cuidarla y mimarla como si de una planta que tiene que florecer se tratase. Estamos acostumbrados a preocuparnos por todo, a darle vueltas a las cosas, a pensar en el futuro, a resolver las discusiones con los demás, a quererlo todo y quererlo ya, a ser inconformistas... Y es absolutamente agotador. 
Prioriza tus sentimientos, responsabilízate de tus emociones y de lo que provocas en los demás (bueno y malo) porque parece que ahora está de moda ser un narcisista emocional y no. No se trata de eso, se trata de restarle importancia a las cosas que no la tienen o que no podemos solucionar por nuestra cuenta. Respeta el tiempo de los sentimientos de los demás, respeta los tiempos que la vida te tiene asignados a ti y ahora. Y del resto, dales un segundo plano. 
Ser maduro emocionalmente, aparte de ser capaz de ser responsabilizarte por tus acciones y emociones, también consiste en estar en paz con uno mismo. Es moldearte de tal forma que estés orgulloso de la persona que eres y no dejes que los malos sentimientos y, sobre todo y lo más difícil, que las cosas que no puedes controlar se queden a vivir contigo porque así nunca estarás ni vivirás en paz. 
Y, casi tan importante como uno mismo, rodéate de gente buena, de gente que sea paz y tranquilidad, que transmita las vibras que tú quieres y te gustan en tu vida. Es tan importante ser feliz con uno mismo como serlo con las personas que dejamos que formen parte de nuestra vida. 

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