Con el tiempo aprendes que la vida no se va a parar por ti,
que a veces es verdad que estamos solos aunque no queramos y a veces es
necesario estar solo. En la soledad, probablemente, sea cuando más aprendemos;
cuando tenemos tiempo de reflexionar y de mirar quien está a nuestro lado de
verdad, cuando pensamos en quien se quedará con nosotros un día triste y quien
nos dará el abrazo más grande del mundo cuando no podamos hablar.
Con el tiempo, aprendes a callarte cosas… a guardarlas para
ti porque son dolores pasajeros; hoy duele y a lo mejor dentro de dos días casi
no duele. Hay otras cosas que aprendes a quien se las puedes contar y a quien
no, porque sabes el tipo de apoyo que necesitas; y otras veces, aunque no te
den el apoyo que necesitas, te dan su apoyo y a la larga es mejor para
nosotros. Hay cosas que aunque quieras guardar es imposible, porque explotan y
hay otras cosas, que ni en años comentarías.
Y con el tiempo aprendes a confiar en las personas, o más
bien… aprendes a desconfiar puede ser porque un día nos fallaron o porque no
creamos que se merecen nuestra confianza ni tan rápido ni tan fácil. Pero lo que aprendes de verdad, es
que hasta que no confiemos en nosotros como primera persona a la que debemos
cuidar, mimar y querer… no podremos confiar en los demás.
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