Queremos ser queridos, pero queridos de verdad: mucho y bien. Queremos que alguien se fije en nosotros, que nos rompa los esquemas y nos descubra por dentro... que vea nuestra heridas y aún así se siga quedando con nosotros.
Queremos que nos escuchen, pero no de pasada sino que de verdad se sienten a escuchar nuestros problemas, nuestras inquietudes, nuestros complejos, temores, sueños y como no, queremos que nos ayuden y nos den la mejor solución.
Queremos tener seguridad y saber que hacemos bien las cosas, queremos que nos den la razón para sentirnos un poco más listos y queremos tener éxito.
Pero no siempre queremos el esfuerzo que implica querer de verdad a alguien, no queremos la preocupación de tener que estar pendiente de nosotros y de los demás, no queremos descubrir las cicatrices del otro porque bastante tenemos con las nuestras, no queremos ser egoístas, no queremos el riesgo de involucrarnos 100% en algo o en alguien por no acabar peor lo que estábamos.Y más que no querer todo eso, es que no queremos ser conscientes que nos tenemos que esforzar y que hoy es por ti y mañana es por mí. No queremos darnos cuenta que, al final, nos toca dar y recibir.
miércoles, 12 de octubre de 2016
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