Sabemos que la moneda tiene dos caras: cara y cruz, o cruz y
cara. Y qué curioso es que siempre veamos la misma aun sabiendo que si damos la
vuelta tenemos la otra. Pero nos da igual, nos centramos en la que nos ha
tocado. Y a veces, nos centramos tanto que olvidamos la otra parte, olvidamos
que no estamos solos, que necesitamos la otra cara para poder ser… para poder
seguir.
Y cuando alguien aparece y nos dice “Eh, que hay dos caras” es cuando empezamos a pensar que a lo mejor tiene razón, y que nos
hemos cegado tanto en la nuestra que ni siquiera nos hemos acordado. Que hemos
sido tan cabezones que no hemos querido pensar que habría otra, que hemos sido
egoístas, que lo hemos hecho mal. Y si
tenemos la fuerza, el coraje y las ganas miraremos la otra cara y entenderemos
que puede pensar cosas que a nosotros ni se nos habían ocurrido y
reflexionaremos y al final, si somos valientes admitiremos que tenemos algo de
culpa. Y es tan importante saber cual es tu lado de la moneda, como saber
admitir que hay otro con la misma razón que tú.
No hay comentarios:
Publicar un comentario