domingo, 20 de noviembre de 2016

Sabemos que la moneda tiene dos caras: cara y cruz, o cruz y cara. Y qué curioso es que siempre veamos la misma aun sabiendo que si damos la vuelta tenemos la otra. Pero nos da igual, nos centramos en la que nos ha tocado. Y a veces, nos centramos tanto que olvidamos la otra parte, olvidamos que no estamos solos, que necesitamos la otra cara para poder ser… para poder seguir. 
Y cuando alguien aparece y nos dice “Eh, que hay dos caras” es cuando empezamos a pensar que a lo mejor tiene razón, y que nos hemos cegado tanto en la nuestra que ni siquiera nos hemos acordado. Que hemos sido tan cabezones que no hemos querido pensar que habría otra, que hemos sido egoístas, que lo hemos hecho mal.  Y si tenemos la fuerza, el coraje y las ganas miraremos la otra cara y entenderemos que puede pensar cosas que a nosotros ni se nos habían ocurrido y reflexionaremos y al final, si somos valientes admitiremos que tenemos algo de culpa. Y es tan importante saber cual es tu lado de la moneda, como saber admitir que hay otro con la misma razón que tú.


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