Tómate tu tiempo, tírate una tarde entera viendo pelis viejas y comiendo chocolate, vete de excursión a un pueblo del cual lo único que sepas de él sea el nombre, baila delante del espejo y canta muy alto hasta que te oigan los vecinos.
Respira profundamente y cuenta hasta 100 cuando la situación te agobie, llora si lo necesitas porque llorar no es debilidad es desahogo, date un capricho de vez en cuando, lee un buen libro en la playa y quédate con ganas de más, pierde la noción del tiempo y que te de igual, ríete muy fuerte con aquellas cosas que son graciosas y sobre todo, con las personas que lo provocan.
Como dice Pereza: "Ven a Madrid y ten un descuido", dile a alguien que le quieres aunque ya lo sepa... da igual, hay que recordarlo de tanto en cuanto. Ilusiónate con alguien sin saber el final, lo que tenga que ser... será. Dedícate tiempo a ti mismo, cuídate y quiérete bien y además, mira a tu alrededor... Mira a las personas que te rodean, siéntete afortunado por tenerlas en tu vida.
Y si no sientes ilusión por nada de esto, asegúrate de cambiar la situación. Pero no dejes que se vayan las pequeñas ilusiones que tenemos el deber de brindarnos a nosotros, y a los demás.
sábado, 12 de noviembre de 2016
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