lunes, 26 de diciembre de 2016

Ojalá todos tengamos la suerte de crecer como personas junto a alguien que jamás imaginamos. Con alguien que sea absolutamente todo lo contrario a nosotros, a nuestras ideas, a nuestro carácter, a nuestra manera de ver la vida.
Y digo suerte porque, aunque muchas veces es más una maldición, en el fondo es una suerte encontrarte con alguien que te haga mirar más allá, que tenga una forma de ser que no aguantes, que no sepa cuando "sí" y cuando "no", pero que improvise. Al final la vida es eso, improvisar.
Con alguien que que te haga aprender de las posibilidades que tienes a tu alrededor, alguien que te enseñe lo que es el espacio, alguien que no se deje atrapar. Que no te atrape a ti tampoco, pero que te envuelva y te envuelva bien. 
Alguien con quien valorar la libertad que tenemos, la bendita libertad que no nos podemos quitar unos a otros. Alguien sin despedidas, simplemente alguien con "hasta luegos". Alguien que te valore, alguien a quien tú también valores porque sin eso, cualquier relación (sea del tipo que sea) está condenada al fracaso. Alguien que tenga seguridad, y que te haga tenerla. Alguien que te diga lo bueno, lo malo y lo regular de tu complicada forma de ser. Alguien con quien respires mejor.
Yo hace un año encontré a ese alguien, y a día de hoy sigo pensando que es una bendición a corto y, por supuesto, a largo plazo. Yo hace un año tengo la suerte de disfrutar la vida junto a ese alguien que jamás imaginé, pero sin el que no habría podido ser. Yo hace un año empecé a ser egoísta con esas cosas, y sigo siéndolo. 

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