Después de unas semanas difíciles me he dado cuenta de que
soy más fuerte de lo que pensaba. De que todos lo somos más de lo que creemos.
Solo hace falta ponernos a prueba para comprobarlo. Creo que ha sido la primera
vez en mi vida que me he levantado cada día de esta “mala racha” diciéndome a
mí misma: “Tú puedes con todo”. Y nadie se imagina lo que supone eso para una
persona que le costaba mirarse al espejo para decirse justo lo mismo hace unos
años o, incluso meses.
Y ha sido la primera vez que me he importado yo más que
otras cosas, porque con quien tenemos que dormir todas las noches de nuestra
vida es con nosotros mismos y nuestra conciencia. Y porque si nosotros mismos no nos creemos
capaces de cualquier cosa… entonces no seremos capaces de nada. Los demás
pueden creer en ti, y es increíble sentir ese apoyo. De hecho ese apoyo muchas
veces es el motor que nos hace falta, y es el ancla al que recurrimos cuando no
podemos más. Porque no se trata de no dudar nunca de ti, sino de afirmar una
vez detrás de otra que puedes con todo. Y más que eso, se trata de demostrártelo
cada día. “No hay nada más importante que creernos capaces de superar todo lo
que nos venga”.
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