miércoles, 29 de agosto de 2018

Me he perdido más veces de las que me he encontrado. No sé cómo, no sé porqué... pero siempre me pierdo. Y cuando me pierdo me empeño en encontrar el camino de regreso a casa como si esa fuese mi salvación, correr a los brazos de mi madre y no volver a salir de ahí nunca más. Lo que no es tan fácil es darse cuenta de que aunque volvamos a casa y a los brazos de mamá, tú ya te has perdido, ya te has adentrado en caminos desconocidos, ya has tenido que hacer frente a ello. Siempre he presumido de enfrentarme a todo, y sí, lo hago... pero no sin antes querer irme corriendo. Soy una cobarde con ganas de dejar de serlo. Salir corriendo y no mirar atrás. Dejar para otro momento lo que me da miedo y a la vez atormentarme porque las cosas no son así. Preocuparme demasiado del qué pasará, del qué está pasando, de lo que estoy haciendo, de cómo estoy actuando... Es como un circulo vicioso. No sé, me pierdo y a veces me encuentro y otras me encuentran. Y no sé qué es más importante si salvarte o que te salven... supongo que la magia de la vida es tener una mezcla de las dos: no perderte a ti y saber que tienes personas dispuestas a encontrarte cuando tú no puedas.

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