jueves, 16 de junio de 2016

Yo, como casi siempre, voy unos pasos más atrás. Cuando todos los periódicos nacionales ya han hecho sus columnas, editoriales y artículos de opinión sobre el debate del otro día... me dispongo a hacerlo yo.
No me considero una persona muy aficionada a la política, y creo que es por el mismo motivo por el que tampoco lo son la mitad de la gente de mi generación: la desilusión. El sentimiento de saber que hagamos lo que hagamos... las cosas no van a cambiar mucho, el sentimiento de pensar que es algo que no va con nosotros y que no nos han llamado para esa batalla.
En un debate de dos horas y media, cuatro de las fuerzas políticas actuales de nuestro país nos intentaron convencer de por qué tenemos que darles nuestro voto a ellas y no a cualquiera de los otros 3; pullitas y ataques entre ellos a parte.
 Me parece algo muy absurdo tener que elegir firmemente a quién votar como si lo que dice ese partido fuese una conclusión universal y válida, como si fuese algo totalmente cierto y verdadero. Al igual que me parece absurdo tener un gobierno de coalición entre fuerzas que tienen más cosas diferentes, que cosas en común. Hay que votar, hay que cuidar, hay que intentar mantener valores como la igualdad, el compromiso, el respeto, la igualdad de oportunidades en todos los ámbitos y sin diferencia de sexos, reducir la pobreza... porque tampoco  nos vamos a engañar: pobreza siempre va a haber. Y a lo mejor soy una ingenua pero no creo que un solo partido albergue todo lo bueno y otro, albergue todo lo malo. Quedarse con lo bueno de cada casa, quedarse con el bien común me parece casi la única forma de avanzar.

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